Portada » Historia » Conflicto y Transformación en España: De la Segunda República al Franquismo
Durante la Segunda República se vivió un clima de intensa conflictividad social, caracterizado por numerosas huelgas y diversos asesinatos. En el ámbito político, la derecha carecía de una organización política sólida. La posterior creación de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), liderada por Gil Robles, buscaba llegar al poder a través de la democracia, defendiendo un modelo de estado similar al de Primo de Rivera. Otras organizaciones, como las JONS (Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista) y FE (Falange Española), se unieron posteriormente.
Con la dimisión de Manuel Azaña como presidente del gobierno en 1933, comenzó la segunda etapa: el bienio radical-cedista. Tras un breve gobierno provisional, se convocaron elecciones en noviembre de 1933. La CEDA obtuvo la victoria, seguida por el Partido Radical de Lerroux. Niceto Alcalá-Zamora continuó como presidente de la República, mientras que Lerroux asumió la presidencia del gobierno.
Durante este periodo, se frenaron las reformas iniciadas anteriormente: la Iglesia recuperó su participación en la educación, se abolieron los términos municipales y se pospusieron los estatutos de autonomía de Galicia y el País Vasco. Además, se produjeron enfrentamientos con Cataluña debido a la imposición de su ley agraria.
A principios de 1935, Gil Robles asumió el cargo de ministro de Guerra, nombrando a Francisco Franco jefe del Estado Mayor. La dimisión de Lerroux, debido al escándalo del estraperlo, llevó a la disolución de las Cortes. En febrero de 1936, se celebraron nuevas elecciones, que resultaron en un acuerdo entre todos los partidos de izquierda, conocido como Frente Popular.
El Frente Popular tomó medidas como: el nombramiento de Azaña como presidente del Gobierno, la liberación de presos políticos de las revoluciones asturianas y catalanas, la obligación a la Iglesia de abandonar la educación, la ilegalización de la Falange y la erradicación de la violencia (aunque se produjeron asesinatos de miembros de partidos y quema de iglesias).
En 1936, las Cortes destituyeron a Alcalá-Zamora como presidente de la República. Azaña pasó a ocupar la presidencia de la República y nombró a Casares Quiroga presidente del Gobierno. En este contexto, comenzó la conspiración militar, organizada por el general Mola y liderada por el general Sanjurjo. El 12 de julio de 1936, los asesinatos de Calvo Sotelo y José del Castillo precipitaron el estallido de la Guerra Civil Española el 17 de julio. La Segunda República permaneció vigente hasta 1978, pero sin ejercerse.
La Guerra Civil comenzó el 17 de julio de 1936 con la sublevación del destacamento de Marruecos, extendiéndose a la Península el 18 de julio. Casares Quiroga dimitió. Azaña encargó a Martínez Barrio formar un gobierno para intentar detener el alzamiento, pero al no conseguirlo, dimitió y fue sustituido por José Giral.
Tras el alzamiento, el gobierno republicano controlaba una gran parte de la población, así como el oro, las industrias y las armas. En la zona nacional, se produjo el exterminio de las fuerzas de progreso y se instauró una junta militar (liderada por Miguel Cabanellas). En la zona republicana, se decidió armar al pueblo, lo que llevó a una multiplicación de poderes y al «Temor Rojo» (destrucción de iglesias, revoluciones comunistas y colectivización de tierras).
Se construyó un puente aéreo desde Marruecos a la Península para trasladar militares. En septiembre, Franco fue nombrado Generalísimo y comandante supremo. En la zona republicana, Largo Caballero (PSOE) se convirtió en el nuevo presidente del gobierno, intentando ganar la guerra y posponer la revolución. El bando comunista ascendió gracias al apoyo de la URSS y Stalin, mientras que Largo Caballero creó el «Ejército Popular de la República». En otoño, tuvo lugar la Batalla de Madrid, donde comenzaron a participar las Brigadas Internacionales.
Franco intentó aislar Madrid, lo que llevó a la Batalla del Jarama (victoria republicana) y, posteriormente, a la Batalla de Guadalajara. Franco unió a las fuerzas políticas FET (Falange Española Tradicionalista) y JONS, mientras que los republicanos unificaron el poder. El 27 de mayo de 1937, tuvieron lugar los Sucesos de Mayo, enfrentamientos entre fuerzas republicanas que causaron bajas milicianas. Largo Caballero, incapaz de acabar con las influencias comunistas, dimitió y fue sustituido por Juan Negrín.
En 1937, se produjo el bombardeo de Guernica por la aviación alemana. Tras varias batallas, los nacionales consiguieron el control de Asturias y, con ello, de todo el norte. Se creó el SIM (Servicio de Información Militar, policía de milicias), convirtiendo a la República en un estado policial y prohibiendo la propaganda política. En diciembre, los nacionales iniciaron el asalto de Teruel, conquistando todo Aragón. Esto condujo a la Batalla del Ebro. En febrero de 1939, Azaña dimitió, siendo sucedido por Martínez Barrio como presidente de la República, y Franco fue reconocido como gobernante de España.
En marzo de 1939, se produjo un golpe de estado de los republicanos, que puso fin a la guerra. Negrín se exilió y las fuerzas nacionales entraron en acción, derrotando a las republicanas. El 1 de abril se proclamó oficialmente la victoria de Franco.
La Guerra Civil Española se convirtió en un conflicto de trascendencia internacional:
Por iniciativa británica, se constituyó el Comité Internacional de No Intervención, integrado por 27 países, incluyendo Inglaterra, Francia, Alemania e Italia. Estos países firmaron un acuerdo para ser neutrales y evitar el suministro de armas y recursos a ambos contendientes. Sin embargo, el Acuerdo de No Intervención resultó ser un fraude:
Las potencias occidentales, además de transgredir el Acuerdo, cedieron ante la anexión alemana de la región checoslovaca de los Sudetes en 1938, a través del Pacto de Múnich, lo que significó el fin de las esperanzas de la República española.
La actitud estadounidense fue de neutralidad, prohibiendo a sus ciudadanos apoyar a ninguno de los bandos, pero permitiendo a la compañía Texaco suministrar combustible al gobierno de Burgos durante toda la guerra.
La desigual ayuda exterior fue una causa determinante para la victoria franquista.
Uno de los aspectos más controvertidos es el de las pérdidas humanas. Se estima que hubo medio millón de fallecidos. Es difícil aportar datos definitivos. Respecto a la violencia en la zona republicana, las cifras son más claras (aproximadamente 38.000 víctimas) gracias a la investigación de las autoridades franquistas. Es más complejo analizar la violencia en la retaguardia del bando franquista, pero se estima en aproximadamente 200.000 víctimas.
Tras el golpe de julio de 1936, comités de partidos y sindicatos tomaron el control de los transportes, inmovilizaron los capitales de cuentas corrientes y prohibieron la transmisión de bienes inmuebles. También se incautaron las propiedades de la Iglesia.
En el campo, se produjo la ocupación masiva de fincas, tanto grandes latifundios como, en ocasiones, propiedades pequeñas o medianas. En las zonas de predominio socialista o comunista, se socializó la tierra, mientras que los anarquistas establecieron colectivizaciones y comunas. La España republicana vivió en el verano de 1936 una auténtica revolución social.
El 5 de septiembre se formó un nuevo gobierno de unidad, con socialistas, comunistas, republicanos y nacionalistas, presidido por Largo Caballero. El nuevo gobierno intentó recuperar el control sobre la economía y el Ejército, gestionó los primeros envíos de material militar ruso y estableció las Brigadas Mixtas como unidades base del Ejército Popular. El asedio de Madrid obligó al gobierno a trasladarse a Valencia, dejando la resistencia de la capital en manos de la Junta de Defensa.
Existían dos modelos revolucionarios en el bando republicano:
La tensión entre estos bloques estalló en forma de insurrección y combates callejeros en Barcelona en 1937. El PCE exigió la disolución del POUM. Ante la negativa de Largo Caballero, los comunistas abandonaron el gabinete y provocaron su dimisión. Se formó un gobierno presidido por Juan Negrín, con mayoría socialista pero inclinado hacia las tesis comunistas. El POUM fue ilegalizado.
El gobierno de Negrín mejoró la capacidad militar y culminó la formación del Ejército Popular. También organizó una economía de guerra. Sin embargo, los reveses militares minaron la moral en la retaguardia. Algunos dirigentes plantearon la necesidad de negociar, pero Negrín se negó, apostando por la resistencia a ultranza, con la esperanza de que el ascenso del fascismo provocara una guerra europea que cambiara el curso de la contienda. El éxito inicial de la ofensiva franquista y la firma del Pacto de Múnich acabaron con las esperanzas republicanas.
Tras la caída de Cataluña, las opiniones favorables a la negociación se extendieron. El presidente Azaña decidió permanecer en Francia. El cansancio de la guerra y el hambre dificultaban la situación. El golpe del coronel Casado en marzo de 1939 acabó con cualquier posibilidad de resistencia.
La muerte del general Sanjurjo en un accidente aéreo descabezó el movimiento. Los generales golpistas se unieron y constituyeron la Junta de Defensa Nacional como órgano provisional de gobierno:
La Iglesia, cuya jerarquía apoyó la conspiración, tuvo un papel primordial en la justificación del golpe, presentando la lucha como una «cruzada». La implantación de un poder militar permitió establecer una economía de guerra desde el principio. Se cancelaron todas las medidas de reforma agraria. El mismo dirigismo marcó la política financiera. La Junta recabó la ayuda de la oligarquía económica y se endeudó con compras masivas de material de guerra.
El apoyo de Alemania, el peso del Ejército de África y el éxito de las primeras operaciones convirtieron a Franco en el más influyente de los generales sublevados. Sus compañeros decidieron darle la jefatura del Estado. El 1 de octubre, Franco tomó posesión como «Jefe del Estado español».
La elección de Franco significó el establecimiento de una dictadura personal y un régimen militar. En abril de 1937, el Decreto de Unificación creó un partido único, Falange Española Tradicionalista y de las JONS (FET y de las JONS).
Las primeras leyes se orientaron a asentar el régimen totalitario. La Ley de Administración Central del Estado de 1938 concentró en Franco plenos poderes. La Iglesia recibió su recompensa por el apoyo a la «cruzada» mediante la derogación de la legislación republicana que había perjudicado sus intereses. El nuevo régimen se declaró confesional y entregó a la Iglesia plena potestad para regular la educación. La identificación entre el nuevo Estado y la Iglesia dio lugar al término «nacional-catolicismo».
El carácter totalitario del nuevo Estado se culminó con el restablecimiento legal de la pena de muerte y la Ley de Responsabilidades Políticas, que declaraba rebeldes a todos cuantos se hubieran opuesto al Movimiento y apoyado a la «subversión roja».
El régimen franquista se caracterizó por:
Se apoyó en la Iglesia, devolviéndole los privilegios en la educación, el control de la moral y la presencia política. También se apoyó en el Ejército, que custodió el orden público y controló la represión. Formó la FET y de las JONS (carlistas y falangistas), dirigida por Ramón Serrano Suñer (cuñado de Franco). También contó con el apoyo de los monárquicos y el Opus Dei.
Socialmente, se apoyó en los terratenientes, la burguesía, las clases medias y los eclesiásticos.
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