Portada » Geografía » Conceptos Demográficos y Análisis del Mapa de la Primera Guerra Carlista (1833-1840)
Diferencia entre la natalidad y la mortalidad de una población. Puede ser:
Es el crecimiento total de una población, y se calcula sumando el crecimiento natural y el saldo migratorio.
Duración media de la vida de cada individuo de un determinado grupo.
Movimiento migratorio desde áreas rurales a áreas urbanas con carácter definitivo o de larga duración. La consecuencia de ello es la disminución del hábitat rural y el incremento de la población urbana.
Desplazamiento de la población de un lugar a otro que lleva consigo un cambio de residencia.
Se caracteriza por altas tasas de natalidad y de mortalidad y un crecimiento natural bajo. En España duró hasta 1900.
Se caracteriza por unas bajas tasas de natalidad y de mortalidad y, por tanto, un crecimiento natural débil. En España se inicia en 1975.
Periodo de la historia demográfica caracterizado por un descenso suave de la natalidad y un rápido descenso de la mortalidad, debido a los avances médicos y sanitarios, y la mejora del nivel de vida. La consecuencia fue un gran aumento del crecimiento natural.
Espacios urbanos abiertos en el siglo XIX en las grandes ciudades tras el derribo de las murallas medievales. Los ejemplos más significativos son el ensanche de Barcelona de Ildefonso Cerdá y el de Madrid de Carlos María de Castro.
Se trata de un mapa de la península ibérica y Baleares, correspondiente a los hechos ocurridos durante la Primera Guerra Carlista entre los años 1833 y 1840. Es un mapa mixto, ya que combina áreas de relleno y símbolos. La fuente es secundaria, obtenida de un libro de historia, y su temática es militar.
Se observa la presencia de varios colores y símbolos. El color naranja indica las zonas del país de mayor intensidad del carlismo, el tono verde hace referencia a las áreas de cierta influencia carlista, mientras que el color gris representa los territorios liberales. Los focos carlistas aislados están reflejados con rosetones rojos. Las flechas de dos colores representan las dos expediciones protagonizadas por las tropas carlistas: en color rojo la del general Gómez, y en verde la del propio don Carlos. Por último, en círculos negros y rojos se muestran las ciudades liberales y carlistas respectivamente, al igual que con otros símbolos aparecen los dos asedios carlistas más importantes y la Paz de Vergara.
Las zonas con mayor presencia carlista se dan en el norte del país: territorios de Navarra, País Vasco, Maestrazgo y norte de Cataluña. El sur de España y Baleares fueron de mayoría liberal durante toda la guerra, salvo algunas áreas muy concretas de Sierra Morena y norte de Extremadura. Esta distribución geográfica obedece a los diferentes apoyos sociales y territoriales que cada uno de los bandos tuvo durante el conflicto civil. Los carlistas fueron ayudados por campesinos, pequeña nobleza y clero regular y rural del norte de España, al igual que artesanos de la meseta norte. En el bando liberal se contaba con el apoyo de los grandes beneficiarios de la legislación liberal: la burguesía comercial, industrial y financiera, los obreros urbanos, las altas jerarquías eclesiásticas y la alta nobleza, junto con la mayor parte del ejército. Estos grupos sociales eran eminentemente urbanos, por lo que casi todas las ciudades importantes del país, incluidas las de las zonas carlistas sublevadas, fueron fieles al liberalismo, como San Sebastián y Bilbao, que se mantuvieron liberales.
Al comenzar la guerra civil en 1833, los carlistas se hicieron fuertes especialmente en el País Vasco y Navarra. El general Zumalacárregui permitió la formación de un verdadero ejército a partir de grupos guerrilleros, consiguiendo dominar casi todo el territorio vasconavarro sin poder conquistar las principales ciudades. A partir de 1835, en una segunda fase, la de las expediciones carlistas, se intenta extender la insurrección a otras zonas del país. En 1836, el general carlista Gómez, partiendo desde el País Vasco, recorre gran parte del país intentando sublevar con escaso éxito regiones como Galicia y el Cantábrico, ambas Castillas, Andalucía y Extremadura, para finalmente regresar a su cuartel en Vizcaya.
Desde que el general Espartero venciera a los carlistas en 1836 en Luchana y levantara el asedio de Bilbao, la guerra entra en una nueva fase más favorable a los liberales. Los fracasos de las Expediciones Reales, el cansancio y hastío por la guerra de los habitantes vasco-navarros y la eficaz dirección de las tropas isabelinas por Espartero provocaron la división dentro de los carlistas entre dos grupos: los partidarios de continuar la guerra hasta el fin, con don Carlos como abanderado, y los que pretendían poner fin a la guerra tras un acuerdo con condiciones.