Portada » Español » Conceptos Clave de la Enunciación y el Tiempo en el Discurso
Se define a partir de la aparición del que habla.
Genette analiza el tiempo narrado en tres aspectos: orden, duración y frecuencia. El tiempo narrado implica, entre otros aspectos, establecer un orden en el enunciado. Este orden se observa al comparar el encadenamiento lógico y cronológico de los sucesos con su disposición en el discurso. El orden temporal del discurso se obtiene de la relación entre el argumento y la trama.
Anacronías:
Duración – Representación del tiempo:
Gradación del ritmo:
Frecuencia:
Es la relación entre el tiempo enuncivo y el tiempo enunciativo. Los sucesos se ordenan en función del presente que establece el acto discursivo del enunciador.
¿Qué ocurre en el caso del discurso no verbal? Aparentemente, el discurso no verbal se caracteriza por la simultaneidad, no por la sucesión. Sin embargo, la mirada se desarrolla en el tiempo. Aunque el resultado final pueda parecer simultáneo, tanto en la captación como en la ejecución hay un desarrollo temporal.
Muchas veces, la publicidad, más que la imagen de un momento, muestra una progresión artificialmente detenida. Fija el aspecto de la acción. Observada, la acción tendrá un comienzo, un desarrollo y un fin. Pensar esto presupone un observador.
Tiempo explicado: Tiempo tal cual es. Inscribible en una cronología. Consideración de un suceso según su relación con un punto de referencia.
El lenguaje tiene más implicaciones de lo que podríamos pensar.
Austin sugiere que consideremos el lenguaje no desde el punto de vista de los significados, sino como una secuencia de móviles y consecuencias.
El trabajo de Austin y Searle llevó a reconsiderar un aspecto tradicional de las bases de la lingüística, enfocándose en el sujeto hablante, su relación con el lenguaje y con un interlocutor, a través de los efectos del discurso. Se centra en el estudio del habla.
A diferencia de los instrumentos, que están separados del hombre, el lenguaje no es una realidad exterior, sino que forma parte de la naturaleza humana. Es un instrumento de comunicación inherente al ser humano.
La polaridad yo/tú es el primer argumento de Benveniste en el concepto de ego para sostener el carácter lingüístico de la subjetividad. Asumir el lenguaje para dirigirse a otro implica la instauración de un lugar desde el cual se habla, un centro de referencia alrededor del cual se organiza el discurso. Este lugar lo ocupa el sujeto del discurso, el YO al que remite todo enunciado. Toda manifestación lingüística implica un YO que le habla a un TÚ. Ego crea el YO. Es la manifestación lingüística en primera persona que se hace cargo de lo que dice, aunque no diga explícitamente «Yo».
Benveniste se basa en el reconocimiento de otros elementos con el mismo estatus que los pronombres personales, es decir, formas vacías cuya significación se realiza en el acto. Los elementos indiciales organizan el espacio y el tiempo alrededor del centro construido por el sujeto y marcado por el ego. Así, todo acontecimiento discursivo marca un tiempo para lo anunciado y un aquí y ahora para el acto de decir.
Se reconocen tres subcategorías: referencias espaciales, subjetivas y términos temporales.
El enunciado puede concebirse como una materialidad perceptiva realizada con cualquier sustancia expresiva y conlleva dos niveles:
Ejemplo: «Estoy enfermo». Hay una estructura de sujeto/verbo/objeto del enunciado («yo te digo que estoy enfermo») y, en otro nivel, una estructura de sujeto/verbo/objeto de la enunciación (el objeto del discurso manifiesto en ese «estoy enfermo»). Son dos niveles: real y ficcional.
No se puede captar la enunciación completamente porque siempre se le puede agregar un «Yo digo que…».
A) Enunciado: Soy del mejor equipo. (Según la teoría de la enunciación: «Yo digo que soy del…»)
B) Enunciado: Yo digo que soy del mejor equipo. Enunciación: «Yo digo que yo digo que yo soy del…».
El sujeto de la enunciación es el yo de un hacer diverso en cada caso. Si el verbo de la enunciación siempre se refiere al proceso enunciativo (decir), el lugar del verbo del enunciado puede estar ocupado por cualquier acción atribuible a un sujeto. Si el objeto de la enunciación es el enunciado proferido, el objeto del enunciado estará constituido por aquello que orienta la actividad del sujeto, objeto con el cual este puede aparecer conjunto o disjunto. Puede ser un individuo real y concreto o no; eso depende de la enunciación o del enunciatario en distinguirlo. El enunciatario se relaciona con la construcción del sujeto de la enunciación mediante marcas que este deja en su enunciación.
A) En el primer texto, el enunciador ficcional deja varias marcas: es un señor mayor con dificultades económicas y poca educación. Se dirige al enunciatario (probablemente a sí mismo) aconsejándole que no cometa los errores que él cometió y de los que se arrepiente.
En el segundo texto, enumera los beneficios de no tener hermanos y su deseo de no haberlos tenido. También deja una marca machista al expresar su opinión sobre por qué las mujeres no deberían votar ni gobernar.
C) En el tercer texto, el enunciador ficcional es una muchacha que escribe una carta a la madre de un antiguo amor. Se muestra apenada por la muerte de este y pretende que le devuelvan sus cartas. Deja marcas de una mujer dolida, enamorada y de ama de casa.