Portada » Español » Carlos de Sigüenza y Góngora: Ciencia, Criollismo y Controversia en el México Colonial
Amigo personal de Sor Juana Inés de la Cruz, científico y escritor, Carlos de Sigüenza y Góngora es una figura de transición al siglo XVIII en cuanto a modelos de pensamiento e ideología. Representa de manera clara el emergente pensamiento criollista.
Nacido en 1645 y fallecido en 1700, Sigüenza y Góngora es un autor barroco, pero sus modelos se alejan de los del pasado. Su significación radica en haber demostrado a los europeos que un criollo podía poseer fuentes y conocimientos científicos tan o más actualizados que los de un científico del Viejo Mundo.
Se le ubica en la historia del pensamiento indiano principalmente por dos eventos:
En ambas ocasiones, Sigüenza y Góngora se opuso a la creencia generalizada de que estos fenómenos eran castigos divinos que exigían arrepentimiento.
Sobre el eclipse, escribió el libro titulado Alboroto y motín de los indios en México.
Sigüenza y Góngora buscaba congraciarse con la ortodoxia y el poder. Era científico, criollo y blanco, y a través de sus escritos reivindicaba su autoridad y sus orígenes. Desde 1672, ocupó un puesto en la Universidad de México y, en 1680, fue nombrado Real Cosmógrafo del Rey, lo que sugiere una posición de autoridad.
Sin embargo, ciertos elementos revelan una posición no tan consolidada. A los 15 años, ingresó a estudiar con los jesuitas, pero fue expulsado por saltar la tapia del convento por las noches. Este episodio de «inmoralidad» lo persiguió, impidiéndole ingresar a la orden y relegándolo a una esfera de poder secundaria, a diferencia de Sor Juana, quien ocupaba una posición central.
Aunque amigo y partidario del Conde de Galve, Sigüenza y Góngora nunca comprometió su opinión científica para obtener una posición de mayor poder. Esto se evidencia en su interpretación del cometa de 1680, que contradecía la postura del arzobispado (que lo consideraba una señal divina). Sigüenza nunca se alineó con la opinión comunitaria.
En cuanto a autoridad y experiencia, poseía una autoridad relativa, pero reclamaba una experiencia igual o superior a la de un europeo.
Se le encargó una obra para el virreinato (el otro arco triunfal, junto al de Sor Juana). Ese mismo año apareció el cometa, y la interpretación general fue que era una señal divina que presagiaba castigos. A finales del siglo XVII, se vislumbraba una audacia hacia los mitos, y la observación del cometa representaba un desafío para aquellos que no eran audaces.
Esto suscitó la respuesta de un compañero de cátedra, quien publicó una refutación ese mismo año (1681), afirmando que los cometas eran señales divinas que históricamente coincidían con conmociones públicas. Sigüenza publicó entonces su obra «?» (Manifiesto filosófico contra los cometas despojados del imperio que tenían sobre los tímidos) en 1681.
La astronomía y la astrología comenzaban a separarse.
Sigüenza también publicó contra Martín de la Torre, específicamente el Belerofonte matemático contra la quimera astrológica de don Martín de la Torre (1682). Otro compañero, José de Escobar, publicó un discurso donde afirmaba que el cometa estaba formado por exhalaciones de cadáveres.
En este contexto, llegó al virreinato el jesuita austriaco Eusebio Francisco Kino, quien había renunciado a una carrera científica para dedicarse a la vida misional en el noroeste de México. Sigüenza vio en él un interlocutor superior a sus compañeros. Kino simuló coincidir con las ideas de Sigüenza y le prometió preparar una obra para el virreinato. Sigüenza, esperando una defensa, le regaló mapas a Kino.
Antes de partir a las misiones, Kino le entregó su libro, Exposición astronómica (1681). Sigüenza descubrió que Kino se burlaba de él, coincidía con sus detractores y ridiculizaba sus observaciones. En la Libra astronómica, Sigüenza respondió, demostrando poseer fuentes más modernas que las de Kino. Esta fue una clara reivindicación criollista.
Sigüenza escribió una obra peculiar, Los infortunios de Alonso Ramírez (1690), de género ambiguo entre crónica y novela. En ella, se narra la vuelta al mundo de Alonso Ramírez (puertorriqueño), quien, tras su aventura, relata su peripecia al rey. Es una narración en primera persona, una falsa primera persona, ya que no fue narrada por Alonso Ramírez sino por Sigüenza, quien no lo revela hasta el final de la obra. Se considera una novela o crónica paródica del conocimiento que aportaban las crónicas.