Portada » Historia » Ascenso del Nazismo y Fascismo: Orígenes, Ideología y Consecuencias
En 1933, Hindenburg entregó a Hitler el poder como canciller de Alemania. La instauración de la dictadura nazi fue inmediata. Dos días después, se disolvió el Parlamento aprovechando el incidente del incendio del Reichstag. En julio de 1933, se prohibieron todos los partidos y se decretó que el nazi era el único partido político. Hitler se convirtió en el dueño de Alemania. Además de utilizar una nueva política, se decretó la creación de la Gestapo y se movilizó al grupo paramilitar de su partido, las SS. La detención sin garantías, la reclusión en prisiones y campos de concentración, y los métodos de tortura acabaron con toda oposición interior al nuevo régimen. La represión afectó incluso al propio partido de Hitler. En la llamada ‘Noche de los Cuchillos Largos’, el Führer ordenó la detención y ejecución de sus viejos camaradas más radicales, entre ellos las SA, tropas armadas del Partido Nazi que no le eran fieles.
La represión se puede diferenciar en tres fases:
El proceso de adoctrinamiento de la sociedad fue profundo. Los organismos del partido se convirtieron en canales de movilización de la población. Las Juventudes Hitlerianas tomaron parte en ceremonias y rituales públicos, con concentraciones de miles de seguidores con el brazo en alto. El partido nazi se convirtió en el estado alemán.
La política económica se basó en una creciente autarquía que rompiera los vínculos de Alemania con el exterior. Para ello, se aprobó un nuevo plan de grandes obras públicas para autopistas, puertos, etc. Las grandes empresas obtuvieron grandes beneficios de esta política.
El régimen nazi comenzó a alterar las bases del sistema internacional casi desde el principio. Las democracias occidentales estaban decididas a no enfrentarse militarmente con Alemania, por eso practicaron una política de apaciguamiento y búsqueda de acuerdos con Hitler que dieran satisfacción a sus demandas más razonables. Influyó el miedo a una expansión del comunismo en Francia e Inglaterra. Por ello, consintieron todas las acciones nazis: la unión del Sarre a Alemania, la remilitarización de Renania, la ayuda militar al general Franco en la Guerra Civil, la convergencia con Mussolini y el eje Roma-Berlín…
Estas acciones confirmaron el prestigio de Hitler en Alemania como un estadista genial que había roto las cadenas del Tratado de Versalles. Sin embargo, a principios de 1939, cuando amenazó con invadir Polonia, las grandes democracias se vieron obligadas a hacer frente a la política exterior nazi, lo que fue la causa de la Segunda Guerra Mundial. En 1938, los dirigentes de Francia e Inglaterra se reunieron con Hitler en Múnich y aceptaron sus propuestas de unir a Alemania los territorios de la actual República Checa.
La guerra había dejado a Italia insatisfecha, porque las ganancias territoriales conseguidas eran mucho menores de las esperadas (irredentismo italiano). Los gobiernos nombrados por el Rey Víctor Manuel III contemplaron con temor el clima de conflictividad social, con el fuerte ascenso de los socialistas apoyados por un poder sindical y la creación del PCI. Mussolini, en marzo de 1919, constituyó un nuevo partido inspirado en la milicia, cuyo nombre era ‘Facios Italianos de Combate’. Desde 1921, recibió el nombre de Partido Fascista. El fascismo se enfrentó en las calles a los socialistas, comunistas y sindicalistas utilizando la violencia paramilitar.
El éxito de su estrategia culminó en 1922 cuando Mussolini llevó a cabo la Marcha sobre Roma, una manifestación de fascistas de toda Italia que, más que una demostración de fuerza fascista, fue una señal para el rey y las élites dirigentes liberales, asustados por socialistas y comunistas, que decidieron pactar con el fascismo. Mussolini formó un primer gobierno de coalición con otros partidos de derechas. El partido fascista y los Camisas Negras se convirtieron en los más poderosos. Muchos asumieron con esperanza o resignación la subida al poder del partido fascista, un grupo derechista.
Todas las clases sociales debían someterse al estado nacional. El pensamiento fascista se basa en:
Desde su llegada al poder en 1922 y hasta 1924, Mussolini consiguió éxitos políticos como el Duce (líder carismático) del fascismo: reprimió a los sindicatos y a la oposición política, restableció el orden público y remontó la crisis económica. Con ello, consolidó su poder. En 1924, decidió acelerar la implantación de sus reformas. Una demostración del giro iniciado fue el asesinato del líder socialista Giacomo Matteotti, que había criticado la represión política de los fascistas. Entre 1924 y 1926, Italia se convirtió en un estado totalitario. El Partido Nacional Fascista contaba con un millón de afiliados. El Duce ganó el apoyo de los católicos italianos y en 1929 firmó los Acuerdos de Letrán, en los que garantizaba la soberanía de la Ciudad del Vaticano.
El triunfo político del fascismo fue seguido de notables éxitos exteriores. La estabilidad lograda en Italia reforzó su prestigio internacional. En 1924, resolvió la cuestión de Fiume uniéndolo al Estado italiano. Iniciados los años 30, el papel de Italia se hizo cada vez más importante a medida que resurgían las demandas de varios países tras la Paz de París. Desde el acceso al poder de Hitler en Alemania, Mussolini fue inclinándose hacia él. Así lo reflejaba la conquista de Abisinia, la intervención en Berlín y el apoyo de Franco durante la Guerra Civil Española.