Portada » Historia » Historia de España: Desde los Pueblos Prerromanos hasta el Descubrimiento de América
Durante el primer milenio a.C., en la Península Ibérica se desarrollaron los pueblos prerromanos en la Edad del Hierro, influenciados por colonizadores mediterráneos: fenicios (s. IX a.C.), griegos (s. VIII a.C.) y cartagineses (s. VI-V a.C.). Estos pueblos establecieron colonias comerciales en el litoral (Gadir, Malaca, Sexi, Emporion, Ebussus, Cartago Nova) y promovieron el desarrollo técnico y económico de los pueblos indígenas, como Tartesos (s. IX-VII a.C.) e íberos. Los fenicios introdujeron la escritura alfabética, el vidrio y el torno, mientras que los griegos influyeron en el arte, y los cartagineses realizaron conquistas militares.
Los pueblos prerromanos se agrupan en:
Cada uno con diferentes niveles de desarrollo cultural y económico.
La conquista musulmana de la Península Ibérica inició en el 711, cuando los musulmanes, liderados por Tarik y Musa, vencieron a los visigodos en la batalla de Guadalete y rápidamente ocuparon el territorio. Al-Ándalus primero fue un emirato dependiente del califato de Damasco (714-756) y luego un emirato independiente bajo Abd-al-Rahman I (756-929), quien consolidó el poder y promovió la islamización y arabización. En 929, Abd-al-Rahman III se proclamó califa, estableciendo el Califato de Córdoba, época de máximo esplendor cultural y económico. Tras su caída en 1031, Al-Ándalus se fragmentó en los reinos de taifas, debilitados militarmente frente a los cristianos. Las invasiones almorávides y almohades intentaron frenar el avance cristiano, pero finalmente en 1212, los almohades fueron derrotados en las Navas de Tolosa. El último reino musulmán, Granada, se mantuvo hasta 1492 bajo los nazaríes, gracias al pago de parias y su economía, hasta ser conquistado por los Reyes Católicos.
La Reconquista implicó un proceso de repoblación de territorios conquistados, con distintos modelos según la zona y época. Entre los siglos VIII y X, una nobleza guerrera y eclesiástica se apropió de las mejores tierras en el norte, convirtiendo a campesinos en siervos. En el valle del Duero, en los siglos X-XI, predominó la repoblación libre (presura), creando campesinos libres. Entre los siglos XI-XIII se expandió la repoblación concejil (Duero-Tajo y valle del Ebro), militar (La Mancha, tierras de órdenes militares) y con grandes latifundios (Andalucía y Levante).
La sociedad medieval era estamental y feudal, con nobleza y clero privilegiados, y campesinos, trabajadores urbanos y una incipiente burguesía sin privilegios. También había minorías de judíos y mudéjares, que convivieron bajo dominación cristiana, aunque con episodios de intolerancia. La economía en Castilla era agrícola y ganadera, con La Mesta para la lana, mientras que la Corona de Aragón se desarrolló en industria textil y comercio internacional.
El reino visigodo en Hispania se consolidó tras la llegada de los visigodos, quienes expulsaron a los Alanos y Vándalos a principios del siglo VI, estableciendo una monarquía con capital en Toledo. Aunque originalmente electivo, el trono fue tornándose hereditario, generando conflictos sucesorios. La organización política incluía una corte con nobles en el Aula Regia y el oficio palatino, y una administración dirigida por duques y condes bajo la autoridad del rey. La Iglesia tenía gran peso político a través de los Concilios de Toledo, que actuaban como asambleas legislativas. En el III Concilio de Toledo (589), Recaredo se convirtió al catolicismo, unificando religiosamente a visigodos e hispanorromanos, mientras Recesvinto promulgó el Fuero Juzgo (653), un código legal común. La feudalización del reino debilitó el poder real y las luchas nobiliarias contribuyeron a la invasión musulmana del 711. Culturalmente, destacaron la orfebrería y la obra de San Isidoro.
La expansión castellana hacia el Atlántico culminó con la conquista de las Islas Canarias y el descubrimiento del continente americano en 1492. Los Reyes Católicos, al suscribir el Tratado de Alcaçovas, renunciaron a explorar la costa africana, lo que impulsó la búsqueda de rutas alternativas hacia Asia. Cristóbal Colón propuso navegar hacia el oeste, obteniendo el apoyo de Isabel y Fernando. Así, el 12 de octubre de 1492, Colón llegó a América, pensando que había alcanzado Asia. Los descubrimientos posteriores llevaron a la firma del Tratado de Tordesillas (1494) con Portugal, dividiendo las áreas de influencia. En el siglo XVI, exploradores como Núñez de Balboa y Magallanes-Elcano ampliaron el conocimiento sobre el continente. Hernán Cortés y Francisco Pizarro conquistaron los imperios azteca e inca, respectivamente, expandiendo el dominio español desde México hasta el sur de América, con excepción de Brasil. Estos territorios se consideraron una extensión de Castilla y fueron gobernados siguiendo su modelo.
La colonización se centró en la explotación agrícola y minera, con énfasis en el cultivo de caña de azúcar y la extracción de metales preciosos. Para ello, se intentó esclavizar a los indígenas, pero la Corona prohibió esta práctica (Leyes de Indias de 1512 y 1542), implementando en su lugar el sistema de encomiendas y la mita, lo que causó abusos y un fuerte descenso en la población indígena. Para suplir la falta de mano de obra, se recurrió a la esclavitud africana. España mantuvo un monopolio comercial con América, regulado por la Casa de Contratación (1503) y luego por el Consejo de Indias. América se dividió en virreinatos: Nueva España y Perú, y posteriormente, Nueva Granada y La Plata. La evangelización y la imposición de la cultura castellana transformaron profundamente la sociedad indígena, aunque surgió una cultura mestiza.
El descubrimiento de América tuvo consecuencias económicas en Europa. La gran cantidad de oro y plata generó inflación en Castilla, afectando su economía y beneficiando a los comerciantes y fabricantes europeos. Además, se generó un intenso comercio de productos como el cacao, tabaco y maíz, pero la economía castellana sufrió debido a la pérdida de competitividad en sus productos. El impacto en América incluyó profundas desigualdades sociales y un sistema dominado por los criollos y caracterizado por el mestizaje. La influencia castellana fue notable en el idioma y las costumbres, aunque también hubo integración cultural.