Portada » Arte » Miguel Ángel Buonarroti: Vida, Obra y Legado del Genio Renacentista
Miguel Ángel Buonarroti, nacido en Florencia en 1475, fue un artista multifacético del Renacimiento italiano, destacando principalmente como escultor. Convencido de su genio, vivió atormentado por la magnitud de su talento. Para él, el arte era un designio divino, creyendo firmemente que «no hay nada que no pueda expresarse en un bloque de mármol».
Su máxima aspiración era extraer la figura humana de la piedra. Incluso en la pintura, imitaba la escultura, y en la arquitectura, aplicaba las proporciones del cuerpo humano al diseño de edificios.
Espíritu inquieto, se preocupaba por las reformas y los acontecimientos intelectuales de su tiempo. Sus figuras, más que reales, eran ideales, producto de la imaginación humana. Su temperamento nervioso y contradictorio lo llevaba a constantes cambios de humor. En su obra se refleja una lucha interna entre el cuerpo, sujeto a debilidades, y el alma, grandiosa e incapaz de someterse a limitaciones, una tragedia inherente al ser humano.
Comenzó su formación en el taller de un discípulo de Donatello, donde se familiarizó con las obras clásicas. *La Virgen de la escalera* es considerada una de sus primeras obras maestras.
En 1495, se trasladó a Roma, donde residió casi ininterrumpidamente. Los Papas romanos, grandes mecenas del siglo XVI, le brindaron su apoyo, al igual que los banqueros florentinos en el siglo XV. Estudió las obras clásicas, lo que marcó su estilo, como se aprecia en su *Piedad* (1497).
En 1500, realizó el *David* para la catedral de Florencia, una obra grandiosa con proporciones sobrehumanas que le valieron el apelativo de «terribles».
Entre 1500 y 1510, el Papa Julio II le encargó un gran mausoleo, que se convirtió en la gran ilusión de su vida. Sin embargo, en 1512, el proyecto se redujo debido a otros encargos, incluyendo las pinturas al fresco de la Capilla Sixtina. La pintura y el estudio de obras clásicas como el grupo de Laocoonte y el torso Belvedere transformaron su estilo, caracterizado por personajes maduros, gestos trágicos y proporciones colosales, lo que se conoce como *terribilitá*. Creó un mundo agónico y enorme que consumió su vida.
Tras la muerte de Julio II en 1547, el proyecto del mausoleo se redujo a una sencilla tumba adosada a un muro, decorada con una estatua de *Moisés* y dos figuras femeninas: *Lía*, alegoría de la vida activa, y *Raquel*, de la vida contemplativa. El *Moisés* es una obra maestra que representa el ideal del hombre renacentista:
Lía y Raquel simbolizan la vida activa y contemplativa, valores fundamentales del Renacimiento. Los hombres de esta época combinaban la acción con la reflexión, creando proyectos utópicos y debatiendo problemas filosóficos mientras construían grandes monumentos.
En el mausoleo debían incluirse otras esculturas, de las cuales solo se terminaron *Los esclavos*, que simbolizan la obra inacabada de Miguel Ángel. Algunos los interpretan como las Virtudes, otros como las Artes encadenadas.
En 1521, Clemente VII le encargó los sepulcros de los Médicis para la sacristía de la iglesia de San Lorenzo. Las tumbas corresponden a Julián y Lorenzo de Médicis, representados de pie y sentados, respectivamente. A los pies del primero se encuentran las figuras de la Aurora y el Crepúsculo, y a los del segundo, El Día y La Noche. Estas figuras, aunque inacabadas, transmiten un profundo sentido. El dominio de la anatomía es innegable, pero aún mayor es el significado que comunican estas formas.
En el año de su muerte, 1564, realizó *La Piedad Rondanini*, que dejó inconclusa. La expresividad deforma las proporciones hercúleas a las que estaba acostumbrado. El misticismo y los problemas religiosos cobran importancia en su vejez. Esta obra podría ser firmada por un impresionista o expresionista del siglo XIX.