Portada » Magisterio » Modelos de Formación del Profesorado: Desarrollo Profesional y Mejora Educativa
Se caracteriza por ser un proceso en el cual el mismo profesorado es el que planifica y sigue las actividades de formación que cree que pueden satisfacer sus necesidades. En todas las situaciones, el profesorado aprende sin la presencia de un programa formal y organizado de formación permanente.
La característica principal de este modelo es que el contenido lo diseña el propio profesorado.
Las concepciones presentes en este modelo son las siguientes:
La mayoría del profesorado recibe pocas devoluciones sobre su actuación en clase y, en ocasiones, manifiestan la necesidad de saber cómo están afrontando la práctica diaria para aprender de ella. El sentido de este modelo conecta con esa necesidad, aunque muchos profesores suelen asociarlo a una estricta evaluación; no suelen considerarlo como una ayuda y tienen dificultades para entender sus ventajas.
Algunos profesores consideran su clase un lugar privado y no para generar un conocimiento que contribuya a la formación del propio docente.
Tener el punto de vista de otro puede brindar al profesorado una perspectiva diferente de cómo se actúa con los alumnos.
Las fases de este modelo de formación incluyen:
Este modelo se aplica cuando el profesorado está implicado en tareas de desarrollo curricular, diseño de programas o, en general, mejora de la institución educativa mediante proyectos didácticos u organizativos y, con todo ello, trata de resolver situaciones problemáticas generales o específicas relacionadas con la enseñanza en su contexto.
La fundamentación de este modelo es que los adultos aprenden de manera más eficaz cuando tienen necesidad de conocer algo concreto o han de resolver un problema.
Otra perspectiva de este modelo es que las personas adultas que están próximas a su trabajo tienen una mejor comprensión de lo que se requiere para mejorarlo.
Los pasos que se pueden recorrer siguiendo este modelo serían los siguientes:
Existen investigaciones sobre el modelo que muestran los factores que pueden considerarse como indicadores de éxito, entre los que cabría destacar los siguientes:
En este modelo, el formador es quien selecciona las estrategias metodológicas formativas que se supone han de ayudar al profesorado a lograr los resultados esperados.
La concepción básica que apoya este modelo de formación es que hay una serie de comportamientos y técnicas que merecen que los profesores las reproduzcan en clase.
Otra referencia que fundamenta este modelo es que los profesores pueden cambiar su manera de actuar y pueden aprender a reproducir comportamientos en sus clases que no tenían adquiridos previamente.
Este modelo requiere que el profesorado identifique un área de interés, recoja información y, basándose en la interpretación de esos datos, realice los cambios necesarios en la enseñanza. Esta es solo una definición, porque, en la práctica, este modelo puede adoptar diferentes formas. Puede ser una actividad individual, hecha en pequeños grupos o llevada a cabo por todo el claustro educativo.
La fundamentación de este modelo se encuentra en la capacidad del profesorado para formular cuestiones válidas sobre su propia práctica, marcarse objetivos que traten de responder a tales cuestiones y realizar una indagación.
Este modelo puede presentar varias formas y seguir diversos procesos; es posible señalar algunos pasos:
Durante estas fases, puede necesitarse de ayuda externa. Esta puede concretarse en una formación específica sobre el tema o problema.
Philippe Perrenoud propone estas 10 competencias genéricas: