Portada » Historia » Análisis Completo de la Guerra Civil Española
La Guerra Civil Española (15 de julio de 1936 – 1 de abril de 1939) se inició con la sublevación de parte del ejército, apoyada por la derecha (CEDA, Falange) y la Iglesia, contra el gobierno del Frente Popular, que contaba con el respaldo de los partidos republicanos, PSOE, PCE, CNT…
Mientras que el bando nacional contaba con un único mando (Franco) y un solo partido (Decreto de Unificación, 1937): Falange Tradicionalista y las JONS, los múltiples partidos y organizaciones del bando republicano (de los cuales algunos trataron de hacer la revolución) llevaron a la desorganización y al descontrol.
Alemania e Italia apoyaron a los nacionales, y la URSS a los republicanos. Inglaterra y Francia no intervinieron. La derrota de la República abrió el camino a una larga dictadura.
El golpe de Estado fue una iniciativa militar dirigida por el general Mola, ideada tras el triunfo del Frente Popular, adelantada por la destitución de Alcalá Zamora o el asesinato de Calvo Sotelo (13 de julio) e iniciada el 17 de julio en Melilla, extendiéndose por Marruecos. Franco se sublevó en Canarias y luego tomó el ejército en Tetuán.
Tenía por objetivo tomar Madrid, pero la rebelión fracasó en la mayoría de los núcleos industriales y principales ciudades: País Vasco, Cataluña, Valencia, Madrid (que permanecían leales a la República), salvo en Sevilla (general Queipo de Llano), así como en Zaragoza, Valladolid, Burgos, Pamplona y Galicia.
En Barcelona, las tropas y milicias republicanas (coronel Escobar de la Guardia Civil) derrotaron al general Goded. En Madrid, las milicias y la Guardia de Asalto tomaron el Cuartel de la Montaña (controlado por el general Fanjul y falangistas).
El gobierno tardó en reaccionar, y Casares Quiroga dimitió por no poder controlar la situación. Le sustituyó Martínez Barrio, quien intentó negociar con Mola, pero este se negó. Giral decidió armar a las milicias populares (voluntarios sindicalistas). El poder del Estado se desmembró: surgieron comités en pueblos y ciudades con control sobre la policía y la justicia, con sus propias patrullas de control y sus propias cárceles (checas).
El País Vasco luchó por la República ante la promesa de un Estatuto de Autonomía (aprobado por las Cortes el 1 de octubre de 1936). José Antonio Aguirre fue el presidente del primer gobierno vasco. El fracaso del golpe derivó en guerra civil:
El general Varela ayudó a Moscardó, retenido en el Alcázar de Toledo, y cuya resistencia fue un símbolo para el bando nacional. El 1 de octubre, la Junta Militar nombra a Franco “Jefe de gobierno del Estado” y “Generalísimo de los Ejércitos”.
Ante esta situación, se decretó la movilización general para salvar Madrid (finales de octubre). El 6 de noviembre, el gobierno republicano se trasladó a Valencia, dejando la plaza a una Junta presidida por el general Miaja y la defensa de Madrid al comandante Rojo. Pese a los ataques aéreos, Madrid resistió gracias a las Brigadas Internacionales y a la Columna Libertad (anarcosindicalistas).
Hubo más batallas intentando conquistar Madrid (la de la carretera de La Coruña, Jarama, Guadalajara), en las cuales la guerra alcanza dimensiones internacionales: organización del Ejército Popular de la República gracias a las Brigadas Internacionales; participación de tropas italianas (Corpo Truppe Volontaire) y alemanas (Legión Cóndor) del lado nacional. En febrero de 1937, gracias a los italianos, los nacionales tomaron Málaga.
Para disminuir la presión en el norte, los republicanos emprendieron las batallas de Brunete y Belchite. También tomaron Teruel, aunque volvió a pasar al bando nacional más tarde. La marina nacional también se impuso a la republicana gracias al apoyo alemán e italiano y a la actitud del Comité de la Interacción.
Tratando de negociar la paz con Franco, bajo el mando de Segismundo Casado, un sector no comunista de la Junta de Defensa tomó el poder en Madrid y constituyó un Consejo Nacional de Defensa. Franco no acepta negociar y exige la rendición incondicional. Sus tropas entran en Madrid el 28 de marzo, y el 1 de abril de 1939 se firma el último parte de guerra.
La sublevación provocó la sustitución de Quiroga como jefe de gobierno por Martínez Barrio, cuyos fracasos intentando frenar la revolución y su negativa de dar armas al pueblo lo hicieron dimitir (19 de julio), y Giral subió al poder y entregó armas al pueblo.
Azaña encargó a Largo Caballero (PSOE) formar un gabinete de coalición con los nacionalistas vascos y catalanes; PSOE, PCE y los partidos republicanos, al que también se sumaron los anarquistas. En noviembre, amenazado por las tropas de Franco, el gobierno se trasladó a Madrid, y el control pasó a una junta de defensa dirigida por el general Miaja.
La movilización popular que provocó la sublevación pedía cambios sociales y económicos, por lo que el Gobierno continuó con la reforma agraria, nacionalizó la industria, estableció un control sobre los bancos y realizó colectivizaciones de empresas y de explotaciones agrarias (apoyadas sin reservas por la CNT y con más cautela por el PCE).
Partidos como el PSOE y el PCE pedían unidad para ganar la guerra. En Cataluña, el PCE unió a socialistas y comunistas en el Partido Unificado de Cataluña, y buscó el apoyo de burgueses, empresarios y campesinos con el lema “primero ganar la guerra”. Otras fuerzas (anarquistas, POUM) querían medidas revolucionarias y colectivistas para contar del apoyo que le diera la victoria. La diferencia de posturas derivó en enfrentamientos en Barcelona en los que fue asesinado Andreu Nin, líder del POUM.
Con la crisis de mayo de 1937, el gobierno pasó a manos de Negrín (apoyo republicano y comunista), que trasladó el gobierno a Barcelona. Las derrotas del Norte y del Ebro destrozaron las esperanzas republicanas, rematadas por el Pacto de Múnich.
Confiado en un posible trato honorable, la rendición decidida por el coronel Casado, Besteiro y Cipriano Mera llevó a combates internos en Madrid y al hundimiento de la resistencia republicana.
El fracaso relativo inicial derivó en la Guerra Civil. Para ganar la guerra sabían que necesitaban unidad, por lo que constituyeron una Junta de Defensa Nacional. El 1 de octubre, Franco fue nombrado “Generalísimo de las fuerzas nacionales” y “jefe del gobierno del Estado”, asumiendo todos los poderes políticos y militares.
La derecha se identificó con el bando nacional: monárquicos, Renovación Española y CEDA. Ahora, las fuerzas políticas más activas eran los falangistas y requetés, con cierto peso militar.
Para conseguir la unidad política, Franco promulgó el Decreto de Unificación del 19 de abril de 1937, que sólo establecía como legal a la Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Al decreto se opusieron raras excepciones, como Manuel Fal Conde (jefe de los carlistas) y Hedilla (jefe de la Falange). Franco creó un Estado totalitario del cual era su “caudillo”.
Se produjeron más de 300.000 víctimas. El bando nacional fusiló a militantes de partidos y sindicatos de izquierda, a cientos de maestros (símbolos del laicismo), e intelectuales (García Lorca), y a sacerdotes nacionalistas; el bando republicano a militares, militantes de partidos conservadores, y numerosos religiosos. Lugares tristemente célebres fueron Badajoz y Paracuellos del Jarama. En la posguerra continuó la represión.
Se exiliaron 500.000 personas y 300.000 pasaron por cárceles franquistas. Las pérdidas económicas fueron cuantiosas: el nivel de renta no se recuperó hasta 1959.