Portada » Arte » Obras Maestras del Arte Románico Español: Pórtico de la Gloria, Frescos de San Isidro y Frontal de Avià
El Pórtico de la Gloria, creado entre 1168 y 1188 por el Maestro Mateo y su taller, se encuentra en la Catedral de Santiago de Compostela. Es la puerta principal, y una inscripción en el pórtico identifica a Mateo como su autor. Este pórtico se compone de tres arcos que se corresponden con las tres naves del templo.
Las figuras del Pórtico de la Gloria rompen con la estética románica tradicional.
Los frescos de San Isidro datan de finales del siglo XI hasta comienzos del siglo XII y se encuentran en el Panteón de los Reyes de Castilla y León. Este espacio rectangular porticado mide aproximadamente 8 metros de lado. Dos robustas columnas, sobre las que se apoyan siete arcos, dividen el espacio en tres naves.
A lo largo de sus muros y de las seis bóvedas, se desarrollan los tres ciclos litúrgicos (Navidad, Pasión y Resurrección) siguiendo el sentido de las agujas del reloj. La gama cromática de ocres y castaños sobre fondo blanco muestra un vigor extraordinario. Las figuras revelan la experimentación personal del autor, la plasmación de pliegues angulosos y la acentuación del modelado y las sombras, diferenciándose de las cenefas ornamentales o las composiciones arquitectónicas estereotipadas.
Las escenas se estructuran en relación con los tres ciclos. El anuncio a los pastores exalta la cultura pastoril de la montaña leonesa y une con naturalidad lo sobrenatural y lo cotidiano. Las esquinas y rincones se resuelven simulando montañas, componiendo así la escena. El conjunto se completa con la representación de animales. Los frescos de San Isidro fueron adscritos al estilo francorrománico, que penetró en España gracias a los caminos de peregrinación.
Avanzado el primer cuarto del siglo XII, dos pintores se encargan de ornamentar la iglesia de Santa María y San Clemente, así como San Baudelio de Berlanga y la Vera Cruz de Maderuelo. Las pinturas de Tahull se encuentran actualmente en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC).
La perfección del ábside se explica por la simbiosis de un artista excepcional y una tradición tenaz de búsqueda de recursos expresivos de varias escuelas. En principio, el ábside ofrecía una superficie poco propicia para la expresión plástica, pero luego se convirtió en el lugar clave de las representaciones iconográficas. Se suelen distinguir tres zonas:
En la concha superior destaca la figura de Cristo en una mandorla mística, rodeado por cuatro ángeles que presentan a los evangelistas. Todas las partes del conjunto merecen un estudio detenido, como la Virgen, que recuerda a las formas bizantinas pero a la vez introduce con sus ojos la sensibilidad de los moralistas hispanos.
Los rasgos de la pintura románica son perceptibles al examinar el dibujo, el color y la concepción plana de la composición. Los contornos son enérgicos, y la vibración de los colores sugiere que la vida de la figura trata de ondularlos. Se utilizan azules oscuros y verdes claros para contrastar con los azules, rojos, carmines, ocres y negro.
El Frontal de Santa María de Avià es una pintura sobre tabla del siglo XIII, realizada en Cataluña. La pieza más importante, que se colocaba delante del altar, recibe también el nombre de frontal. La madera se utilizaba como base y se preparaba con una capa de yeso antes de pintarla al temple.
Haciendo honor al lenguaje pictórico románico, la gama cromática (rojo, azul) es muy intensa y contrastada. En las escenas laterales, los fondos son monocromos (azul o rojo) para contrastar con la intensidad dorada de la corladura. La forma rectangular de la tabla sigue el esquema de una escena central (Virgen con el Niño). Las escenas siguen el esquema visual relacionado tradicionalmente con cada tema, y en cada compartimento, las figuras se enfrentan simétricamente alrededor de un eje central. Los arcos y columnas sirven para encuadrar y separar las figuras.
Aunque repetía los temas y esquemas compositivos de la pintura mural, la pintura sobre madera siempre fue más ingenua y espontánea, y no se ciñó a un programa iconográfico tan estricto.