Portada » Historia » Guerra de Argelia: Estrategias, Final y Consecuencias
Tácticamente, la guerra de Argelia fue, en general, muy mal conducida por los franceses: 40.000 combatientes, cifra máxima movilizada por el FLN de forma simultánea en sus seis wilayas o provincias, mantenían en jaque a 500.000 hombres, de los que 150.000 eran harkis o musulmanes auxiliares. Es cierto que sólo un 20 por ciento del total de los efectivos franceses combatían realmente, ocupándose el resto en servicios de retaguardia. El aprovisionamiento de esa descomunal fuerza dejaba bastante que desear, hasta el punto de que con frecuencia escaseaban las municiones.
Las frustraciones e insuficiencias apuntadas, sumadas al arraigo en ambientes castrenses de convicciones no siempre democráticas y a su identificación con los colonos, determinó que no pocos militares basculasen finalmente hacia posiciones golpistas. El cansancio de la opinión pública metropolitana no pudo contrarrestarse con la firme resolución de sus compatriotas de Argelia en oponerse a lo que estimaban un despojo e incluso una injusticia histórica. Por parte de los argelinos, hemos de decir que la táctica utilizada es la típica de los movimientos revolucionarios que se enfrentan a un ejército regular. Lógicamente, una lucha en campo abierto sería impensable por el desequilibrio entre los dos bandos, de esa manera los insurgentes optan por los ataques sorpresa, los atentados terroristas, el corte de las comunicaciones, el golpe contra los convoyes de suministros y, en definitiva, la desmoralización del contrario.
La determinación francesa llevó a utilizar métodos contundentes contra este enemigo sin rostro: torturas generalizadas, detenciones masivas, ejecuciones extrajudiciales… como respuesta a los atentados del FLN, lo que lógicamente incrementaba la contundencia de los atentados del enemigo. El tiempo jugaba a favor de los rebeldes y en contra de los franceses. Los rebeldes no tenían prisa y a nivel internacional iban ganando progresivamente reconocimiento y apoyo por parte de la Unión Soviética y sus aliados y por los países recientemente descolonizados que se reunieron en Bandung (Indonesia) en 1955. De los países comunistas y del Egipto de Nasser procedían las armas que utilizaba el FLN. La batalla contra el enemigo se producía en cualquier lugar del país y en cualquier momento; el carácter impredecible de este tipo de guerra acababa con la moral de la tropa francesa, es el ejemplo típico de guerra psicológica. La prolongación del conflicto hacía que la opinión pública francesa se mostrara cada vez más opuesta a una guerra sin sentido que se cobraba muchas bajas y una gran cantidad de dinero.
Como ejemplo de guerra revolucionaria, hemos de decir que el FLN no sólo luchó contra el ocupante francés sino contra el modelo de sociedad creado por él, proponiendo la construcción de un orden nuevo donde tienen cabida las ideas nacionalistas, islámicas y comunistas.
Los franceses no dudaron, en la etapa álgida del conflicto –batalla de Argel– en utilizar paracaidistas para tomar algunas zonas de la ciudad vieja de la capital y de, incluso, dinamitar zonas donde se suponía que se escondían los sospechosos.
En la última etapa del conflicto apareció la Organización del Ejército Secreto (OAS) (Organisation de l’Armée Secrète). Fue una organización terrorista francesa de extrema derecha dirigida por el general Raoul Salan, nacida en 1961 tras el intento de golpe de Estado llevado a cabo por Maurice Challe, André Zeller y Edmond Jouhaud y de los paracaidistas de Jacques Massu, quienes respondieron brutalmente ante el atentado del FLN en el periodo de recrudecimiento de la guerra entre los años 1956-1957. Fue un movimiento contrarrevolucionario que tenía como principal objetivo atemorizar a los insurrectos argelinos utilizando sus mismas armas y, por otro lado, para presionar al Gobierno Francés para impedir la negociación con los rebeldes.
El conflicto argelino es de los pocos que acaban formalmente en un tratado de paz. Después de tensas y largas negociaciones, se llegó a un acuerdo entre las dos partes –Gobierno Francés y FLN– en Evian el día 18 de marzo de 1962. Estos acuerdos debían ser sancionados por ambos países mediante sendas consultas populares. El resultado en los dos países fue claro: se apoyaba la independencia de Argelia; en el caso concreto de este país, las posturas independentistas vencieron abrumadoramente, con 6.000.000 votos a favor de la independencia y 16.000 en contra. El día 3 de julio, París reconocía formalmente la independencia de Argelia, siendo seguido su ejemplo por los países aliados de Francia que todavía no habían efectuado este reconocimiento, incluidos Estados Unidos y Gran Bretaña. El día 20 de septiembre, la Asamblea Nacional Constituyente designaba presidente de la República a Ahmed Ben Bella, un antiguo brigada francés y ex combatiente de Montecassino. El 8 de octubre proclamó la independencia e ingresó en la ONU. Se cerraba así uno de los capítulos más relevantes.
La posguerra en Argelia no fue muy distinta a la de cualquier país: el país se encuentra con un 10% menos de población y con que, durante los años de la guerra, no se han explotado sus recursos naturales debidamente, no se han cultivado sus campos y la población pasa hambre.