Portada » Lengua y literatura » Orígenes y Evolución del Modernismo: De Francia a Hispanoamérica y España
La modernidad poética comenzó en Francia a mediados del siglo XIX con la influencia de dos corrientes literarias: el parnasianismo y el simbolismo.
Hacia 1860, la escuela parnasiana surgió como reacción contra los excesos de subjetividad y sentimentalismo del Romanticismo. Los poetas parnasianos promovieron el «arte por el arte»: una poesía objetiva, alejada de sentimientos e ideologías. En cuanto a la temática, el parnasianismo se inspiró en culturas antiguas y ambientes exóticos.
Hacia 1870, se inició la búsqueda de un lenguaje basado en la sugerencia. El simbolismo buscaba sustituir la realidad por la idea en la poesía. Los poetas simbolistas aspiraban a reemplazar los métodos de la razón por los caminos de la intuición. Intentaron reflejar una visión subjetiva de la realidad, a través de la sensibilidad del poeta. En lugar de la mención directa, prefirieron el uso del símbolo.
La renovación estética y cultural que comenzó hacia 1885 se conoce en el mundo hispánico como Modernismo. El Modernismo es un movimiento sincrético, que busca conciliar influencias diversas: su característica común es el deseo de nutrirse de todo, de abarcarlo todo. Sobre una base irracionalista, que reaccionaba contra el positivismo de la segunda mitad del siglo XIX, combina elementos del parnasianismo, simbolismo, impresionismo, esteticismo, decadentismo y misticismo. Busca conciliar la influencia francesa y el exotismo preciosista con el tradicionalismo hispánico y la sencillez expresiva. El Modernismo representó una actitud vital tanto en España como en Hispanoamérica, y fue una reacción contra los patrones del sistema burgués.
El Modernismo surgió en Hispanoamérica como una fuerza subversiva y una expresión de resistencia al mercantilismo de la revolución cultural burguesa. Tras las guerras de independencia del siglo XIX, algunos países de Hispanoamérica habían logrado cierta estabilidad política que se tradujo en prosperidad económica. Los contactos con Europa, especialmente con Francia, aumentaron mediante la importación de objetos de lujo para las clases altas.
Los estilos de vida y el pensamiento franceses se consideraban modernos e implicaban un rechazo a la sociedad colonial tradicional. En las últimas décadas del siglo, naciones como Cuba y Puerto Rico continuaban su lucha anticolonial, e Hispanoamérica en general comenzó a sufrir las primeras agresiones del naciente imperialismo norteamericano. Además de un cambio en el gusto literario, el Modernismo hispanoamericano significó la reivindicación de una nueva sociedad con intenciones descolonizadoras. Los modernistas se opusieron al materialismo, el imperialismo, la burguesía y lo utilitario. El ambiente que vivieron, con la mezcla de arte, vida bohemia e ideas literarias, fue similar al del París de fin de siglo. Los artistas percibieron que había surgido un movimiento de renovación formal y de la sensibilidad en el mundo, y quisieron ser parte de él. Como fuente inmediata, los escritores recurrieron a la poesía francesa, y vieron en el parnasianismo y el simbolismo la expresión más exigente y audaz de las tendencias de la época.
Hacia finales del siglo XIX y principios del XX, el Modernismo influyó en España. La segunda visita de Rubén Darío a Madrid, en 1899, fue determinante en este proceso.
La situación que vivía la sociedad española favoreció la adopción de la actitud de rebeldía propia de los modernistas y de los intelectuales y artistas europeos. La conciencia de crisis se intensificó con el desarrollo del movimiento liberador en Cuba y culminó con el desastre de 1898.
El panorama poético español necesitaba un cambio. Solo la concepción poética y el intimismo de Bécquer constituían una excepción, que se reflejó en el mayor subjetivismo del Modernismo español. Antes de la llegada de Rubén Darío, algunos poetas españoles, como Salvador Rueda y Francisco Villaespesa, ya mantenían contacto epistolar con los principales autores hispanoamericanos.
La vertiente más arraigada fue la simbolista, que se sumó a la influencia francesa y al intimismo de Bécquer. Esta poesía simbolista se aprecia, por ejemplo, en Alma, de Manuel Machado, en Soledades, de Antonio Machado, y en los primeros poemarios de Juan Ramón Jiménez (Arias Tristes, Jardines lejanos; Pastorales). También se cultivó una poesía cívica, centrada en el mundo exterior y en los problemas de la gente, utilizando un lenguaje directo. Su exponente más destacado es Campos de Castilla, de Antonio Machado.