Portada » Lengua y literatura » Panorama del Teatro y la Poesía Española desde 1939
En los años 40, el horror de la guerra está muy presente. Los escritores que permanecen en España están controlados por la censura y no pueden publicar libremente. Es un periodo de empobrecimiento cultural, y la literatura se convierte en un medio para evadirse de la realidad, como el teatro, que sirve para divertirse y olvidar los problemas de la guerra. Varios autores desarrollarán su obra teatral en el exilio. Destacan Rafael Alberti, Max Aub y Alejandro Casona.
Junto a la comedia burguesa, adquiere gran importancia el teatro del humor. Los autores más importantes son Enrique Jardiel Poncela y Miguel Mihura, que, aunque habían comenzado su aventura teatral en 1927, su obra se desarrolla plenamente en la posguerra. El teatro del humor se basa en lo inverosímil, que llega hasta el absurdo.
En los años cincuenta surge una corriente realista y social: es un teatro comprometido con los problemas del ser humano que se inicia con el estreno en 1949 de Historia de una escalera de Buero Vallejo. Posteriormente, Alfonso Sastre continuará ese camino con el drama Escuadra hacia la muerte. Las obras de estos autores suponen el nacimiento del moderno drama español, aunque abordan de diferente forma su compromiso social.
Buero Vallejo se decanta por el «posibilismo», es decir, por realizar la denuncia que permitan las condiciones políticas del momento (la dictadura y la censura). Sastre propugna un teatro de agitación, que sea un elemento de cambio, sin ningún tipo de autocensura, «imposibilismo». Además de Buero y Sastre, pertenecen a esta generación Rodríguez Méndez (Los inocentes de la Moncloa), Carlos Muñiz (El tintero), Lauro Olmo (La camisa).
Avanzada la década de los sesenta, surge un movimiento de renovación caracterizado por un acercamiento al teatro extranjero, a las corrientes renovadoras que durante el siglo se habían producido en Europa y en el mundo. Algunas de estas corrientes son el teatro épico, el teatro de la crueldad y el teatro del absurdo…
Los rasgos más comunes del teatro de este periodo son que los personajes aparecen como símbolos, el espectador tiene que interpretar lo que ve en el escenario y la concepción del teatro como espectáculo y experimento colectivo.
Los autores de este periodo se han enfrentado con varios obstáculos, siendo fuertemente críticos y porque sus novedades estéticas no fueron bien recibidas ni por el público ni por la crítica. De ahí que podamos hablar de un teatro subterráneo. Destacan: Francisco Nieva (Pelo de Tormenta), Fernando Arrabal (Pic-nic), José Ruibal (El hombre y la Mosca) y Miguel Romero Esteo (Pontifical).
A finales de los 60, el teatro universitario se transformó en lo que se denominaría teatro Independiente. Este supone el rechazo del espectáculo conservador mediante la creación de una estética peculiar y un intento de autofinanciación. Destacan grupos como Els Joglars, Els Comediants, Los Goliardos, La Cuadra, etc.
El teatro en la transición se caracteriza por su variedad. Además de las compañías vanguardistas, se representan comedias burguesas, obras realistas y las de autores vanguardistas anteriores que no se habían podido representar.
Algunos autores de la transición son: Antonio Gala (Verdes campos del Edén), Ana Diosdado (Los ochenta son nuestros), Adolfo Marsillach y Fernando Fernán (Las bicicletas son para el verano).
En los años 80 predomina un teatro neorrealista, que manifiesta interés por personajes no integrados, que expresa ruptura con la moral tradicional y que utiliza el humor y la ironía. Entre sus cultivadores se encuentran: José Luis Alonso de Santos (Bajarse al moro), José Sanchis Sinisterra (¡Ay, Carmela!) y Fermín Cabal.
En los últimos años, el teatro entra en una etapa de crisis por cuestiones económicas, falta de nuevos autores y obras de calidad, y escasez de ayudas oficiales. Destacan los siguientes dramaturgos: Agustín García Calvo (Loco de amor), Paloma Pedrero (Caídos del cielo) y Juan Mayorga (El mago).
En torno a los años 20 surge un grupo de jóvenes poetas vinculados a las vanguardias. Algunos de ellos participan en el homenaje a Luis de Góngora celebrado en Sevilla en 1927, fecha que les dará nombre. Casi todos proceden de una clase media, liberal y culta, con una sólida formación universitaria, y están unidos por una estrecha amistad (algunos llegan a convivir en la Residencia de Estudiantes, en Madrid). Además, colaboran en las mismas revistas (Revista de Occidente, Litoral…) y en diversos proyectos republicanos de difusión cultural como el grupo de teatro La Barraca.
Entre sus miembros, destacan Federico García Lorca, Rafael Alberti, Pedro Salinas, Vicente Aleixandre, Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Luis Cernuda, Manuel Altolaguirre y Emilio Prados. Los estudios actuales incorporan a esta nómina otros integrantes, entre los que destacamos un grupo de mujeres poetas (también hay de otros géneros) injustamente olvidadas por la crítica, «las Sinsombrero»: Concha Méndez, Ernestina de Champourcín, Josefina de la Torre, Rosa Chacel y Carmen Conde.
Como característica común a todo el grupo destaca cierta tendencia al equilibrio:
Otras características del grupo son:
En la evolución conjunta del grupo se identifican 3 etapas (aunque no se dan por igual en todos los poetas).
1º hasta 1927– Los poetas reciben influencias muy diversas. Por un lado, se percibe el amor por la lírica tradicional, presente en la poesía neopopular de los primeros libros de Alberti (Marinero en tierra) o García Lorca (Romancero gitano).
Por otro, es palpable el magisterio de Juan Ramón Jiménez y su poesía pura, que se refuerza con el influjo de las vanguardias: creacionismo en Gerardo Diego (Imagen, Fábula de X y Zeda). Por último, el ansia de perfección formal y su admiración por los clásicos los llevan a cultivar las estrofas tradicionales (estancias en Égloga, elegía, oda de Cernuda; décimas y sonetos en Cántico de Guillén). Se trata, pues, de una poesía que, aunque parezca deshumanizada y hermética, no lo es del todo por la influencia de Bécquer y su amor por la lírica popular.
2º hasta 1936– Etapa de plenitud del grupo. Su poesía se rehumaniza como consecuencia de la situación política y social de España y por la irrupción del Surrealismo, especialmente en autores como Cernuda (Los placeres prohibidos, Donde habite el olvido) Aleixandre (Espadas como labios, La destrucción o el amor), pero también en Lorca (Poeta en Nueva York, Sonetos del amor oscuro) y Alberti (Sobre los ángeles). La liberación de la palabra, del verso (usan versos libres y versículos) y de la imagen les permite expresar los más hondos sentimientos humanos: el amor (La voz a ti debida, Razón de amor de Salinas), el ansia de plenitud (Cántico) o las inquietudes existenciales o sociales (El poeta en la calle de Alberti).
3º Después de la Guerra Civil. Tras la contienda, el grupo se rompe: Lorca ha sido asesinado y la mayoría se exilia. Cada poeta sigue su rumbo, pero nunca abandonan el cultivo de la poesía humana. Entre los exiliados, está presente en los primeros años el tema de la guerra y la rabia contra los vencedores. Después llegarán la nostalgia por la patria perdida y el deseo de regresar. En esta poesía del exilio, Destaca Clamor de Guillén, Retornos de lo vivo lejano de Alberti; y buena parte de los poemas de Cernuda. En España, la poesía deriva hacia un humanismo angustiado, existencial (Hijos de la ira, de Dámaso Alonso; Sombra del paraíso, de Aleixandre).
Las Sinsombrero es un término acuñado en 2015 por el documental homónimo para denominar a las mujeres pertenecientes a la Generación del 27. El nombre responde al gesto de quitarse el sombrero en público que protagonizaron Maruja Mallo y Margarita Manso, junto con Salvador Dalí y Federico García Lorca, en la Puerta del Sol. Esta actitud transgresora pretendía romper las normas y, metafóricamente, en ausencia de la pieza que tapa la cabeza, liberar las ideas y las inquietudes. En plena dictadura de Miguel Primo de Rivera, este gesto de quitarse el sombrero los convirtió en rebeldes, especialmente a las mujeres. Prescindir del sombrero implicaba no conformarse con el papel que tenia la mujer en ese momento.
Los estudios actuales incorporan como integrantes del grupo poético del 27 a Concha Méndez, Ernestina de Champourcín, Josefina de la Torre, Rosa Chacel y Carmen Conde, todas ellas pertenecientes al grupo de mujeres artistas denominado Las Sinsombrero.
Entre sus obras destacamos Canciones de mar y tierra de Concha Méndez, obra influenciada por la lírica tradicional; Cántico inútil de Ernestina de Champourcín, publicada en 1936; Marzo incompleto de Josefina de la Torre, en cuyos poemas expresa el sentimiento de la frustración; A la orilla de un pozo de Rosa Chacel, conjunto de sonetos; Mujer sin edén de Carmen Conde, poesía que se incluye dentro de un humanismo angustiado y existencial.