Portada » Historia » Industrialización y Sociedad en España: Discursos y Realidades (1875-1923)
Los siguientes textos se sitúan en el contexto de la Restauración española (1875-1923), un periodo marcado por la alternancia política entre conservadores y liberales, el desarrollo industrial y las tensiones sociales. Se abordan tres documentos que reflejan diferentes aspectos de esta época: un discurso de un empresario vasco, un fragmento de una novela de Vicente Blasco Ibáñez y un texto de Joaquín Costa sobre el caciquismo.
El primer texto, un discurso pronunciado por el empresario Federico Echevarría el 9 de diciembre de 1893, se enmarca en el segundo periodo de la regencia de María Cristina (1885-1902). Echevarría (1840-1932), figura destacada en la industrialización del País Vasco, defiende el proteccionismo frente a la amenaza del librecambismo que supondría la firma del tratado Hispano-Alemán.
Echevarría, cuyo padre era hojalatero, fusionó varias empresas familiares para crear la gran empresa «Echevarría», que cerró su fábrica de Recalde en 1967, aunque la empresa continúa activa a través de sus descendientes.
El discurso, dirigido a trabajadores, industriales y al gobierno, se centra en tres ideas clave:
Se destaca el contraste entre la industrialización en Bizkaia, concentrada en la ría de Bilbao y municipios como Sestao y Barakaldo, y la de Gipuzkoa, con instalaciones más dispersas y de menor tamaño.
Durante la Restauración, España, y en particular el País Vasco, experimentaron un notable desarrollo económico. La crisis económica europea de la década de 1870 llevó a España a adoptar medidas proteccionistas en 1891. La industria vizcaína, especialmente la minería y la siderurgia, lideró el crecimiento, superando a la asturiana. La acumulación de capital procedente de la minería financió en gran medida la revolución industrial en Bizkaia.
La crisis económica llegó a España en la década de 1890, pero el desarrollo industrial de Bizkaia permitió afrontarla mejor que otras regiones. El tratado Hispano-Alemán, que promovía el librecambismo, se percibía como una amenaza para la industria vasca y española.
El segundo texto es un fragmento de «El Intruso», novela de Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928), publicada a principios del siglo XX, durante el reinado de Alfonso XIII. Blasco Ibáñez, novelista valenciano y político republicano, retrata las duras condiciones de vida de los mineros en la zona de Somorrostro (Bizkaia).
La novela, parte de una trilogía social, describe:
La industrialización vizcaína, basada en la abundancia de mineral de hierro, atrajo a una gran cantidad de mano de obra del mundo rural. La falta de infraestructuras adecuadas, especialmente en vivienda y salubridad, generó condiciones de vida precarias.
El crecimiento demográfico, impulsado por la inmigración desde provincias castellanas y otras regiones vascas, se concentró principalmente en la margen izquierda de la ría de Bilbao. Las malas condiciones laborales, la alimentación deficiente y la falta de higiene provocaron un aumento de la mortalidad y el desarrollo de enfermedades. La mejora de los servicios de saneamiento y agua potable a principios del siglo XX contribuyó a reducir la mortalidad.
La sociedad de la Restauración estaba muy polarizada. La élite, formada por grandes propietarios y la alta burguesía industrial y financiera (especialmente en el País Vasco), concentraba el poder político y económico. La clase media era escasa, y las clases bajas, compuestas por el proletariado industrial y el campesinado, sufrían malas condiciones de vida, lo que fomentó el desarrollo del movimiento obrero, principalmente socialista.
Las primeras reformas laborales no llegaron hasta 1900, con leyes sobre accidentes de trabajo y el trabajo de mujeres y niños. La jornada laboral no se redujo a nueve horas hasta 1914. La novela de Blasco Ibáñez refleja la complejidad social y las difíciles condiciones de vida de los obreros en la Bizkaia industrial.
El protagonista, «Aresti», está inspirado en el doctor Areilza, médico del Hospital Minero de Triano a finales del siglo XIX.
El tercer texto es un fragmento de «Oligarquía y Caciquismo» (1901) de Joaquín Costa (1846-1911), destacado representante del Regeneracionismo. Costa denuncia los mecanismos del sistema político de la Restauración, basado en el caciquismo y la falsificación de los resultados electorales.
Costa identifica tres elementos clave en el sistema:
Costa critica la falsificación del sufragio y la corrupción electoral, que permitían el turno pacífico entre los partidos conservador y liberal, ignorando la voluntad popular. Este sistema, según Costa, mantenía a la nación «postrada».
El sistema canovista, instaurado tras el golpe de Estado del general Pavía en 1874 y la proclamación de Alfonso XII como rey, se basaba en la Constitución de 1876 y el bipartidismo turnista. Los caciques, pertenecientes a la oligarquía, compraban votos y manipulaban las elecciones para asegurar el resultado deseado. En ocasiones, recurrían al «pucherazo» (fraude electoral).
El sistema excluyó a los partidos antidinásticos (carlistas, republicanos) y a las fuerzas emergentes del movimiento obrero (socialismo, anarquismo) y los regionalismos/nacionalismos.
A finales del siglo XIX, el sistema entró en crisis debido a varios factores: los nacionalismos periféricos, la cuestión colonial (desastre de 1898), el desprestigio del ejército y el auge del movimiento obrero. La muerte de Cánovas y Sagasta, líderes de los partidos turnistas, agravó la situación.
Joaquín Costa, a través del Regeneracionismo, buscaba una renovación profunda de la vida política y social de España. A pesar de sus críticas, el sistema canovista, con altibajos, perduró hasta el golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera en 1923.