Portada » Español » Realismo, Vanguardias y Economía: Panorama Literario y Empresarial
El Realismo, movimiento literario del siglo XIX en Europa, surge en reacción al Romanticismo. En España, llega tardíamente, influenciado por autores franceses (Flaubert, Zola), rusos (Tolstoi, Dostoievski) e ingleses (Dickens). Se consolida durante la convulsa época de Isabel II, la Revolución de 1868 y la Restauración borbónica. Está influenciado por corrientes filosóficas como el positivismo, evolucionismo, marxismo y krausismo, y refleja la lucha entre liberales y conservadores.
El Realismo en la novela destaca por su observación detallada de la realidad contemporánea, abordando temas diversos como el matrimonio, la política y la miseria. Se caracteriza por su objetividad, ambientación contemporánea y análisis psicológico profundo, presentando un lenguaje sobrio y natural, con innovaciones como el monólogo interior y el estilo indirecto libre.
El Naturalismo, derivado del Realismo, surge en Francia con Zola. Aborda la realidad desde una perspectiva determinista y materialista, enfocándose en aspectos miserables y sórdidos. En España, Emilia Pardo Bazán intenta reconciliarlo con una visión cristiana en su obra (La cuestión palpitante). Su influencia se percibe en obras como (La tribuna) de Pardo Bazán y (La desheredada) de Benito Pérez Galdós, los cuentos de Clarín y novelas de Blasco Ibáñez (La barraca).
El Realismo surge en España en 1870 con (La fontana de oro) de Galdós, con antecedentes en (La gaviota) de Fernán Caballero. Galdós y Clarín destacan como máximos representantes. Galdós aborda diferentes temáticas en su obra, desde su novela de tesis (Doña Perfecta), contemporáneas (Fortunata y Jacinta), simbólicas (Misericordia) o históricas como (Trafalgar).
Clarín, notable por (La Regenta), aborda la insatisfacción matrimonial de Ana Ozores en una sociedad decadente. Destaca por su innovación formal y análisis psicológico profundo. Otros autores relevantes incluyen a Juan Valera (Pepita Jiménez), Alarcón con (El sombrero de tres picos), y autores regionalistas como Pereda (Peñas arriba), Pardo Bazán (Los pazos de Ulloa), y Blasco Ibáñez (Cañas y barro).
En el postromanticismo, Bécquer y Rosalía de Castro representan una poesía tardía, íntima y depurada. Bécquer es conocido por (Rimas) (1871), que explora temas amorosos en secciones temáticas. Sus poemas, breves y simbólicos, revelan un trabajo técnico refinado. Como prosista destaca por sus (Leyendas). Rosalía de Castro, también destacada, escribe poesía melancólica tanto en gallego como en castellano, (Follas novas) y (En las orillas del Sar).
En la poesía realista, el género lírico se empobrece por el prosaísmo. Destacan Núñez de Arce y Campoamor (Humoradas), con una poesía sencilla y antirretórica. En el teatro realista, se estanca el panorama teatral. Destacan la comedia costumbrista de Bretón de los Herreros y el drama social de Echegaray (Mariana), mientras que Galdós innova con un teatro naturalista, triunfando con (Electra).
En el primer tercio del siglo XX, una crisis política, social y económica desencadena la descomposición del sistema de la Restauración, la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y la Guerra Civil.
En los primeros años del siglo XX, los jóvenes europeos buscaron nuevas expresiones artísticas. En España esta revolución estética la lideraron el Novecentismo y las Vanguardias. El Novecentismo está formado por autores nacidos en torno a 1880 y alcanza su plenitud entre 1910 y 1930, coincidiendo con el desarrollo de las vanguardias. Destacan por su sólida formación intelectual y cierto estilismo. Ideológicamente reaccionan contra las viejas actitudes decimonónicas desde un antirromanticismo clasicista y se identifican con un reformismo burgués talante y liberal. Siguen preocupados por el problema de España, pero con un enfoque más intelectual, menos pesimista y menos casticista que el 98’.
Pérez de Ayala, autor de novelas intelectuales, llenas de ideas y digresiones filosóficas, refleja sus crisis personales en obras como (AMDG) o (Troteras y danzaderas), novelas poemáticas (Prometeo), y experimentales (Belarmino y Apolonio). Gabriel Miró destaca por novelas líricas y formalistas, adquiriendo un estilo cuidado y elegante, (Las cerezas del cementerio) o (El obispo leproso). Gómez de la Serna, en sus novelas vanguardistas, busca el juego y la incoherencia, con grandes aportaciones como las greguerías, jugando con la metáfora y el humor. Wenceslao Fernández Flórez, marca su éxito en sus novelas de humor (El bosque animado).
Ortega y Gasset destaca con ensayos sobre España (La España invertebrada) o el arte (La deshumanización del arte). Eugenio D’Ors se enfoca en glosas breves (Glosari). Gregorio Marañón logra un equilibrio entre ciencia y literatura (Don Juan). Importantes también son Manuel Azaña y Salvador de Madariaga.
Juan Ramón Jiménez destaca en el novecentismo con una búsqueda de lo esencial y lo eterno en su poesía. Inicia con una etapa sensitiva, combinando romanticismo y modernismo (Arias tristes) o (La soledad sonora). Luego evoluciona hacia la poesía pura y formalmente depurada, (Diario de un poeta recién casado). En su exilio, su poesía se vuelve más abstracta (La estación total). Otros notables son Bacarisse y León Felipe.
En el teatro novecentista sobresalen el teatro trágico y experimental de Jacinto Grau (El señor Pigmalión) y el vanguardista Ramón Gómez de la Serna.
En el primer tercio del siglo XX, una crisis política, social y económica desencadena la caída del sistema de la Restauración, la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y la Guerra Civil. A nivel global, eventos como la Primera Guerra Mundial y la Revolución rusa contribuyen al surgimiento de totalitarismos y alimentan el terreno para el nacimiento de las vanguardias.
Las vanguardias, movimientos estéticos del siglo XX, desafían las convenciones artísticas anteriores con originalidad radical y hermetismo. Buscan una poesía pura, deshumanizada, antirrealista y antirromántica, con temas surrealistas y sin trascendencia moral. La escritura onírica, la automatización y la ruptura de esquemas son características clave de estos movimientos, impulsados por ansias de modernidad y libertad creativa.
Las vanguardias en Europa incluyen: futurismo, dadaísmo, expresionismo, fauvismo, cubismo, creacionismo y surrealismo. En España, impulsado por el Novecentismo, sería Gómez de la Serna, liderando la nueva sensibilidad estética, quien abriría esta etapa entre 1908-1918 (El concepto de la nueva literatura), ya aquí, se verían los primeros esbozos del futurismo con la traducción del (Manifiesto del futurismo) en la revista Prometeo. Destacarían ultraísmo y creacionismo entre 1918-1925. El surrealismo triunfa entre 1925-1930, con la traducción del (Manifiesto del Surrealismo) por La revista de Occidente, y (La deshumanización del arte) de Ortega y Gasset. Entre 1930-1936 sucede una rehumanización acompañada de cierta angustia y rebeldía por la crisis de la época, que sucederían en un declive vanguardista tras 1936.
En España, el futurismo, ultraísmo, creacionismo y surrealismo destacan. El futurismo enfatiza un arte antirromántico, exaltando la civilización mecánica y técnica, especialmente en los poetas del 27’ (Underwood girls) de Salinas. El ultraísmo, a veces asociado con el creacionismo, florece brevemente entre 1918-1922, recogiendo elementos futuristas y cubistas, con poemas visuales notables, (Hélices) de Guillermo de la Torre, o (Manual de espumas) de Gerardo Diego.
El surrealismo, liderado por André Breton, busca una revolución integral del arte y la sociedad, liberando los impulsos reprimidos en el subconsciente. En España, promovido por Juan Larrea, influyó en poetas como Alberti (Sobre los ángeles), Lorca (Poeta en Nueva York) y Aleixandre (Espadas como labios).
Sin embargo, el surrealismo español no fue radical; los poetas no adoptaron la creación inconsciente ni la escritura automática. Se percibe una intención creativa, pero se liberaron imágenes y enriqueció el lenguaje poético, marcando el retorno de lo humano, social y político a la literatura.
En Hispanoamérica, tres destacados vanguardistas son Vicente Huidobro, exponente del creacionismo con (Altazor), donde la experimentación lleva a la destrucción del lenguaje; César Vallejo, quien en (Trilce) expresa su mundo interior atormentado; y Pablo Neruda en obras como (Veinte poemas de amor y una canción desesperada), (Residencia en la tierra) o (Canto general).
La estrategia de distribución que puede llevar a cabo la empresa es la estrategia de distribución intensiva. En este caso, la empresa busca el mayor número posible de distribuidores para que sus productos estén disponibles en el mayor número de puntos de venta. El ejemplo podría ser: distribuir su producto en los supermercados, que son minoristas con muchos puntos de venta en las diferentes ciudades. Se usa para productos de consumo masivo, por ejemplo, detergentes.
El Fondo de Rotación o de Maniobra es la parte del activo corriente que se financia con capital permanente. Se puede obtener como la diferencia entre el activo corriente y el pasivo corriente o como la diferencia entre los recursos permanentes y el activo no corriente. Un Fondo de Rotación o de Maniobra negativo indica que la empresa tiene problemas de liquidez a corto plazo, ya que no puede hacer frente a sus obligaciones a corto plazo con sus activos corrientes, por lo que tiene dificultades para afrontar sus deudas a corto plazo.
El comercio electrónico puede favorecer las ventas en las PYMES, ya que facilita el acceso y contacto a un mayor número de clientes potenciales, incluso favorecer la internacionalización. Por otro lado, permite realizar una venta directa, suprimiendo el papel de los intermediarios, y obtener, de esta forma, un mayor margen de beneficio, así como efectuar con mayor rapidez o agilidad las ventas.
El umbral de rentabilidad o punto muerto nos indica el volumen de ventas que tiene que realizar la empresa para cubrir todos sus costes. Por encima de ese umbral la empresa obtendrá beneficios. Se calcula como el cociente entre los costes fijos totales y la diferencia entre el precio de venta por unidad y los costes variables por unidad.
Umbral de rentabilidad = costes fijos/(precio de venta unitario-costes variables unitarios) Así, si conocemos el precio de venta por unidad y el coste variable por unidad, adicionalmente necesitamos información sobre los costes fijos totales. El mayor gasto en alquiler supone un incremento de los costes fijos de la empresa y, por tanto, un mayor punto muerto: necesitará vender más unidades para entrar en zona de beneficios. La reducción del coste de transporte de cada producto supone una reducción de los costes variables y, por tanto, tendrá un punto muerto o umbral de rentabilidad menor.
Las fases que componen el ciclo de vida de un producto son: introducción o lanzamiento, crecimiento, madurez y declive o saturación. Su representación es la siguiente: En la fase de madurez el producto ya está consolidado en el mercado. Las ventas y los beneficios son altos pero se estabilizan. Ello provoca que, como también hay un gran número de empresas competidoras, la competencia entre ellas sea alta y muy agresiva. Por ello, es importante diferenciarse de la competencia y fidelizar al cliente, a través de herramientas comerciales como el precio o la publicidad. Los reproductores de música mp3 se encuentran en la fase de declive, debido a la aparición de productos sustitutivos tecnológicamente más avanzados, como la música en streaming, que ha provocado la caída de las ventas y de los beneficios de este tipo de productos. Los patinetes eléctricos se encuentran en fase de crecimiento, con las ventas y los beneficios creciendo. Son conocidos y tienen éxito, aunque no están del todo consolidados y se busca seguir aumentando su penetración en el mercado, utilizando para ello herramientas comerciales como la publicidad del producto.