Portada » Lengua y literatura » Explorando los Temas Centrales en ‘Las Flores del Mal’ de Baudelaire
Este libro es un compendio de varias partes que no son independientes, sino que conforman un órgano complejo. Todas y cada una son necesarias, ya que existe una intención programática por parte del autor al colocar cada sección en el orden en el que está y dotarla de significado propio. Cada una de estas partes, junto a las demás, otorgará el significado definitivo y total de la obra. Siendo así, podemos hablar, por un lado, de los temas globales de la obra y, por otro, de la temática específica de cada parte. Comencemos por lo más general:
La obra se caracteriza por una idea principal que se configura como el tema básico y recurrente. El autor pretende sumergirnos a lo largo de todo el poemario en una sensación de cansancio vital que, haga lo que haga, lo barniza todo. Es lo que Baudelaire llama “spleen”. Ese hastío es el tema principal del libro. Todo este cansancio de la vida se refleja en el desorden moral y personal que azota el día a día más cotidiano del autor. Como refugio, o quizás como consecuencia de este impulso desesperante, el autor se sumerge en una vida desordenada, putrefacta, viciosa, y esto lo conduce a vivir las peores condiciones del ser humano. Por eso, otro de los temas fundamentales de la obra es igualmente el mal, la recreación y la descripción del fruto del ser humano sometido a este ambiente, sus defectos y actuaciones. Las “flores del mal” no son más que las acciones que nacen fruto de ese cansancio que convierte a los seres humanos en defectuosos y podridos engendros.
Así podemos recapitular que el mal, el conflicto del hombre por su sometimiento al medio y el “spleen” o hastío vital que este le provoca son los principales temas de esta obra.
Hay que resaltar otro tema que, si bien no es una temática poética propiamente dicha, sí que es verdad que es un recurso estructural de la obra que será utilizado de forma constante a lo largo de toda ella: las correspondencias. Este nuevo sistema poético será la base y el germen de lo que los discípulos de Baudelaire construirán posteriormente como el “simbolismo”. Las correspondencias no son más que nuevas connotaciones arbitrarias o inmotivadas que revolucionarán la forma de hacer poesía. Baudelaire abre un nuevo horizonte al cambiar todos los motivos poéticos y relacionarlos con nuevos significados, íntimos e individuales, allanando así el camino al nacimiento inmediato del simbolismo poético que tantos frutos dará en las generaciones poéticas inmediatamente posteriores.
Hay un grupo de temas que son igualmente recurrentes e importantes, aunque debemos tener siempre en cuenta que surgen como consecuencia de los temas principales. Relacionado con este cansancio vital y con el mal que se convierte en el único fruto que podemos obtener del corazón podrido de los hombres, surgen el erotismo y la marginalidad. El hombre vive en un entorno viciado e insano, y la consecuencia inmediata es que el poeta nos muestra las cuitas del hombre que nada en el medio más propicio a estos vicios. Por ello, la vida prostibularia, las relaciones basadas en el erotismo, la sexualidad más vacua, los personajes que pululan por la noche parisina, todos heraldos del dolor y la miseria, serán constantes en toda la obra.
Un papel relevante tendrá, como en todos los poetas, el amor. Este amor se corresponde evidentemente con un amor doloroso, confuso, torcido, fuera de las normas éticas y morales, asocial, atípico. Es otro fruto del mal que a su vez no es más que la consecuencia directa del cansancio que el mundo hace sufrir a los hombres. Es evidente que Baudelaire pulveriza cualquier parecido entre el modelo de amor de su obra y el modelo petrarquista que se ha seguido en la poesía hasta su aparición en el firmamento poético.
Los dos últimos temas, menos repetidos que los demás aunque bastante numerosos en la obra son, igualmente, la consecuencia directa de los anteriores. Una de las salidas que le queda al hombre sometido al sufrimiento y a una sociedad tan insana es la evasión, y hay varios poemas que se centran en esa huida a otro mundo ideal y perfecto donde el hombre deja de estar atenazado por el padecimiento y el cansancio de vivir, un mundo luminoso y nuevo donde todo el dolor se atenúa.
Cuando el hombre decide que su dolor sea íntimo crea el artificio, la máscara, la mentira, el disimulo. Son varios los poemas que se centran en esta salida: el fingimiento. Se deja el hastío como algo interno y el poeta en muchas ocasiones se centra en la manera ridícula e hiriente con la que el hombre a veces oculta sus heridas y su sangrante melancolía bajo disfraces de felicidad, máscaras, estilos de vida impuestos y falaces.
Si nos centramos en los temas propios de la parte de la obra que hemos estudiado, los Cuadros parisinos, nos daremos cuenta de que en ella están presentes casi todos estos temas generales que vertebran el sentido general de la obra completa. Sin embargo, podemos hacer un aparte para señalar los temas específicos que conforman esta parte del poemario.
El propósito central de estos Cuadros parisinos es describirnos la realidad (de ahí la palabra “cuadros”, aludiendo a lo pictórico, a la imagen, a la fotografía de un instante) del París por el que vagan esas almas malditas sometidas al mal y a la desubicación social y moral. Baudelaire, en su intención programática general de toda la obra, pretende explicarnos cómo es ese entorno, ese decorado en el que anda sumergido, para que podamos hacernos a la idea con más certeza de las condiciones de vida que ya anuncia en las partes anteriores del programa del libro (Spleen e ideal, por ejemplo) y las consecuencias que este entorno provoca en la vida cotidiana, la moralidad, los sentimientos y los actos de las personas que viven en él. Por tanto, el realismo será el principal tema y motivación de esta parte del libro. Dentro de la descripción de este entorno, como temas laterales y derivados de este propósito de realismo, aparecen en esta obra las descripciones del entorno urbano de París y las sensaciones que su contemplación provoca en el ánimo del poeta. Asimismo, aparecen las descripciones de personajes y tipos que pueblan este entorno, demostrando el poeta una preferencia e inclinación por los tipos marginales, desarrapados, perdidos, las prostitutas, los mendigos… También hay en esta parte del libro, destinada a reflexionar sobre la contemplación del París que fomenta o cultiva estas almas perdidas y defectuosas, reflexiones profundas provocadas por la certeza de verse en ese entorno hostil sobre la muerte, la futilidad de la vida y las apariencias.
Aunque a veces los poemas son bastante concisos, en este apartado de los Cuadros parisienses nos encontramos poemas bastante largos, cosa digna de destacar puesto que el autor usa la longitud del poema como un instrumento más para alargar la agonía que expresa en cada verso y crear en el lector una sensación de tedio y profunda desesperación.
Valor simbólico de las imágenes. Cada vez que nos describe una imagen esta esconde un significado. Es decir, por ejemplo, describir una habitación vacía en realidad esconde un símbolo porque con esta descripción nos está hablando no de la habitación sino que nos está transmitiendo la idea de soledad. Así esta habitación será un símbolo de la soledad. Eso es el valor simbólico de las imágenes.
Múltiples medidas de los versos. Baudelaire no es un obseso de la forma y huye conscientemente de los versos matemáticamente medidos. Con esto se centra más en el estado de ánimo y los sentimientos que refleja internamente el poema que en su forma externa. Predominan los endecasílabos en los sonetos más clásicos y canónicos pero también juega con versos octosílabos, eneasílabos (propios de la tradición popular francesa) o incluso versos más majestuosos como el alejandrino (14 sílabas).
Predominio del léxico fastuoso pero en sorprendente contraste con léxico vulgar. El léxico de esta obra es culto, depurado, barroco. El vocabulario es elegido de forma muy estudiada para acercarse a un forma culta clásica e incluso romántica de escritura, todo ello complicado a la vez con un “retorcimiento” temático intenso. Sin embargo por momentos aparecen palabras y vocabulario más vulgar y cercano a las clases sociales deprimidas.
Métrica: haced la medida de los versos y nombrad la rima.
Figuras retóricas.
Charles Baudelaire nació en París en 1821. Su padre era un exseminarista de gran cultura quien le enseñó sus primeros pasos por las letras. Cuando el poeta tenía solo seis años murió su padre causándole esto un gran impacto, más aún cuando varios meses después su madre se casa con un vecino suyo, militar de gran renombre que llegará a ser general de la plaza militar de París. Jacques Aupick, que se llamaba su padrastro no fue nunca aceptado por Baudelaire y mantuvo siempre con él una tensa relación. Bajo el nuevo jefe de familia, hombre de rudo carácter y muy inclinado a la disciplina por su rango militar, su madre se contagió y la atmósfera de la vida familiar se volvió irrespirable. Es quizás aquí donde debemos buscar el trauma infantil que moldea el complicado, rebelde y autodestructivo carácter de Baudelaire. Tras un pequeño paso de toda la familia por Lyon, Baudelaire es internado en un prestigioso colegio para hacer el bachiller ya de vuelta en París. Sin embargo fue expulsado de él por un grave incidente que se desconoce. Tras acabar el bachillerato se matricula en la Facultad de Derecho donde traba amistad con los jóvenes que engrosaban el grupo de “la bohemia”. Comienza a disfrutar de una vida licenciosa de juerga y derroche de su pequeña asignación económica por los prostíbulos de París. Su entrega al alcohol y las drogas es conocida en todo París lo que colma la paciencia de Aupick quien decide enviarlo a un viaje por los Mares del Sur para alejarlo de estos ambientes. Sin embargo poco tiempo después Baudelaire vuelve a París y, ya mayor de edad y dueño legalmente de la herencia que le correspondía de su padre, se independiza y se lanza de lleno a vivir el ambiente de vicio y perversión de los prostíbulos y los bajos fondos parisinos a la misma vez que empieza a abrirse camino en el mundo artístico de la época. Poco le durará su dinero y empezará a acumular deudas que le harán esconderse, cambiar frecuentemente de domicilio y huir de sus acreedores. Hasta su madre y su padrastro lo llevarán a los tribunales para inhabilitarlo y administrarle su dinero. Ya en esta época trazaba complejas y tormentosas relaciones amorosas con prostitutas que le acompañarán toda su vida, especialmente la que llevó durante muchos años con una mulata llamada Jeanne Duval. Sin duda, de alguna de ellas se contagiará de sífilis que parece ser el motivo que le provocará después la parálisis que le costará la vida.
A la misma vez que va hundiéndose en el abismo de los vicios va creciendo la figura del poeta rebelde, irreverente y genial. En 1857 se publica Las flores del mal. Esta obra provocará el escándalo y la indignación de los sectores más conservadores de París y que Baudelaire sea llevado a juicio y castigado con una fuerte multa por quebrantar la rígida moral. Sin embargo esto mismo lo convertirá en un mito entre los poetas de su época y será elevado a la cima de la fama literaria. En 1861 publicará su segunda gran obra, Los paraísos artificiales. Tras un paso por Bélgica donde intentará vivir de su fama como poeta dando conferencias habrá de volverse con poco éxito y provecho. Intentará también entrar en la Academia Francesa pero tras sufrir el rechazo de los académicos por la fama que había acumulado, vivió los últimos años que le quedaban abandonado y arruinado, sumergido en el vicio, las drogas y el ambiente prostibulario. En 1866 sufre un ataque que lo deja postrado en cama. Pierde el habla y, aunque consciente, su parálisis le incapacita definitivamente. Un año después, sin recuperarse desde el ataque, muere en brazos de su madre y es enterrado en el glorioso cementerio de Montparnasse de París.
La época en la vive Baudelaire y desarrolla su obra es bastante inestable. En Europa hay una explosión de los conflictos generados por el incipiente capitalismo y son frecuentes las revoluciones políticas contra los poderes fácticos. La vida, esencialmente urbana, se contagia de cierto pesimismo en un entorno social hostil y claramente degradado donde una burguesía en ascenso gracias a las factorías oprime al pueblo llano como mano de obra barata y degradada.
En este marco, los moldes literarios que mandaban en la poesía francesa se quedan obsoletos (parnasianismo y romanticismo) para dar salida a la visión del hombre de este entorno viciado. La figura de Baudelaire precisamente dará un giro espectacular a los presupuestos poéticos, impulsando una nueva dirección que, junto a las figuras de Verlaine, Mallarmé y Rimbaud, originará la posterior publicación del manifiesto simbolista. El nuevo modelo sale del impulso genial de un Baudelaire que crea un nuevo lenguaje poético a medio camino entre el romántico, el clásico y este nuevo modo de traspasar al papel la visión de un mundo basado en correspondencias nuevas entre los significados de los sentimientos y los símbolos que los representan, así como la temática gótica y oscura del mal, la muerte, los ambientes degradados…
Esta obra se publicó en 1857 pero ya estaba en su mayoría conformada varios años antes con la forma casi definitiva con la que se publicó. A su publicación, criticada duramente por su contenido irreverente y provocador, sufrió en París una campaña de desprestigio que acabó con Baudelaire en los tribunales y multado.
Obra orgánica ==> recordad las partes de la obra y el contenido temático de cada una de ellas.
El estilo es por momentos claramente clásico, aunque bajo cada poema hay una concepción romántica que intenta explicar la exaltación del sentimiento personal. Sin embargo solo un poeta como Baudelaire será capaz de usar una poesía de estilo clásico y temática romántica para hacer una reflexión y una descripción de la realidad hostil que lo rodea, acercándole también a los modelos de la literatura realista y naturalista. Para colmo de la grandeza, mezcla todo esto con su nueva teoría de las correspondencias que será el germen de la nueva poesía moderna.
Ahora explicáis aquí las correspondencias.
Con estas correspondencias Baudelaire tratará de acercarnos a una visión de la vida pesimista, oscura, desesperanzada. De hecho, todo el libro rezuma una especie de cansancio, de hastío vital que definirá ese concepto al que dará forma en la obra y que se convierte en uno de sus temas principales: el “spleen”.
Temas:
La obra de Baudelaire evidentemente órbita alrededor de su obra más importante, Las flores del mal. Esta obra es transversal a la mayoría de su vida como literato y no será superada por ninguna otra de las que escriba.
Baudelaire explorará diferentes sectores de la cultura literaria de su época y será un gran admirador y traductor de autores como Poe. Asimismo también dedicará una parte de su creación al ensayo y análisis literario. También probará la prosa en La Fanfarlo. No obstante será esencialmente un poeta y junto a su obra principal ya mencionada, cabría señalar sus inicios más clásicos Pequeños poemas en prosa y su segunda obra más importante, Los paraísos artificiales.
La obra de Baudelaire significa el inicio de la poesía moderna y actual. Inició un camino del que nadie nos ha sacado aún. El nuevo giro que dio a la creación poética sacó la poesía del estancamiento que sufría desde hacía siglos aportando un nuevo molde intimista e innovador relleno de un lenguaje poético diferente y basada en nuevas correspondencias. Realmente supo tomar influencias de todo tipo para crear un proyecto totalmente nuevo y original. Por su modo de vida fue conocido como “poeta maldito” y será el cabecilla de un grupo de poetas que lo seguirán (Verlaine, Rimbaud y Mallarmé, conocidos igualmente como “poetas malditos”). Como hombre vinculado a la cultura de su tiempo creó importantes lazos con fotógrafos, pintores, escritores y otros artistas a los que impactó profundamente. Los pintores Moreau y Redon se inspiraron en esta obra. Grandes músicos como Ravel y Claude Debussy se centran también en esta obra poética para componer. Nadar, fotógrafo y amigo, Courbet, pintor y amigo, son ejemplos de autores que vivieron los mismos estímulos urbanos y que copiaron su forma de interpretar el mundo con un lenguaje nuevo, arriesgado, irreverente y centrado en la fealdad doméstica y el mal subyacente bajo las conductas cotidianas del hombre. En el cine, por ejemplo, Jean Pierre Rawson hace una película basada en la vida de nuestro autor y que se llama como nuestra obra: Las flores del mal.