Portada » Historia » Cristianismo y Sociedad en la Edad Media: Monasterios, Economía y Cambios Sociales
Europa se disgregó en una serie de reinos germánicos (visigodos, francos, lombardos, etc.). Políticamente, estaban gobernados por frágiles monarquías hereditarias. El continente se dividió en numerosos reinos y territorios independientes. La economía se ruralizó: las ciudades se despoblaron, el comercio decayó y el campo se convirtió en la principal fuente de riqueza. La mortalidad era muy elevada debido a guerras frecuentes y enfermedades (sequías, inundaciones, epidemias).
En pocos años, la mayor parte de Europa se hizo cristiana. La religión y la lengua latina se convirtieron en factores de unidad. En esta época se crearon los primeros monasterios, centros de vida religiosa y cultural.
La conversión se realizaba, en general, de forma colectiva: el rey se convertía y su decisión era secundada por todo el pueblo. Así sucedió con Clodoveo, rey de los francos, o Recaredo, rey de los visigodos.
El monacato fue introducido por San Benito, quien construyó monasterios donde los monjes, bajo la misma regla de vida, compartían trabajo y oración. Uno de los más famosos fue el de Montecasino (Italia). La regla de vida era «ora et labora», es decir, la combinación de trabajo y oración.
Orientada a la oración y el trabajo, los monasterios se emplazaban en lugares cercanos a una fuente de agua, apartados de los núcleos de población. Constaban de numerosas estancias para facilitar la organización de la vida en su interior. La práctica religiosa de la oración y la liturgia era la principal actividad de los monjes durante una serie de horas al día. También realizaban trabajo manual, bien fuera en el campo o en diversas actividades artesanales. El superior de la comunidad recibía el nombre de abad (padre), al que todos profesaban respeto y obediencia. Cultivaban la hospitalidad, la fraternidad y la solidaridad con los pobres y desvalidos. Los monasterios tuvieron un papel fundamental en la conservación de la cultura clásica, en la educación y en la reforma de la Iglesia.
Más de un millón de cristianos dedicaban parte de su tiempo libre a los más necesitados, sin olvidar a los 20.000 misioneros españoles que daban su vida por los pobres entre los pobres.
La Iglesia no puede ser comprendida completamente sin una referencia expresa a las tres personas de la Santísima Trinidad. El Espíritu es don del mismo Jesús y, por ello, debe conducir a los cristianos a actuar como Jesús actuó.
La Iglesia hace presente a Cristo como salvador del género humano. Por la Iglesia y en la Iglesia, Cristo sigue salvando a la humanidad. La Iglesia es sacramento de salvación, un Cristo como un sacramento. La Iglesia es, en este mundo, el sacramento de salvación.
Cristo instituyó y mantiene en la tierra a su Iglesia santa y, mediante ella, comunica la verdad y la gracia a todos.
El comienzo de las Cruzadas, el incremento demográfico y la afluencia de oro influyeron en el desarrollo del comercio y en el crecimiento de las ciudades, aunque el campo seguía siendo fundamental.
La nobleza y el clero seguían siendo los estamentos más importantes. Sin embargo, los comerciantes prosperaron dentro de las ciudades, dando lugar a la burguesía ciudadana, una minoría muy rica.
Los monasterios se convirtieron en prósperas unidades económicas que llevaban a las ferias y mercados todos sus productos. Algunos de los ministros de la Iglesia se preocupaban más por el crecimiento patrimonial que por vivir el Evangelio. En este contexto, surgieron las órdenes mendicantes, como los franciscanos y los dominicos.
Los monasterios enseñaron a los campesinos a cultivar las tierras y fueron los guardianes de la cultura clásica. Sin embargo, cayeron en los abusos del poder, se enriquecieron notablemente y sus abades se convirtieron en auténticos señores feudales. La reforma se produjo en los siglos X y XI. Dos fueron los focos principales de esta reforma:
Nacen de la inspiración de algunos hombres notables, como el español Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores (o Dominicos), o San Francisco de Asís, fundador de los Hermanos Menores (o Franciscanos). También destacan los Agustinos (Ermitaños de San Agustín) y los Carmelitas (del Monte Carmelo). Se dedican a la predicación y al trabajo intelectual. No disponen de las riquezas que obtienen; sus medios de subsistencia provienen de las limosnas (mendicantes).
La peregrinación es un viaje, individual o colectivo, hecho por motivos religiosos hacia un lugar sagrado. Los tres lugares más frecuentados eran Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela. La fama de Santiago se extendió a partir del siglo IX, adquiriendo una categoría similar a Roma o Jerusalén. Surgieron rutas fijas y, así, los caminos de peregrinación. Se crearon albergues, hospitales, monasterios e iglesias.