Portada » Educación Artística » Creación de Bandas Sonoras: Etapas y Consideraciones Clave
Cuando a los compositores se les encarga una banda sonora, lo primero que deben tener presente es de qué trata el filme. De este modo, podrán determinar por dónde irá encaminada su música. Ya sea un drama, una comedia, un western o bien una película de terror, la partitura deberá acompañar el romanticismo, el frenesí o la angustia. La primera función es estar al servicio de la película y se debe decidir cuál es el papel de esa música. Esa evaluación se ajusta a criterios convencionales. Aunque también puede interesar el contraste, bien como contrapunto irónico o bien para reforzar el significado de la película. La banda sonora incluye también los aspectos que serán destacados, ya sean estos generales (espacio, paisaje, secuencia de acción) o más particularmente (sentimientos, angustias, sensaciones) o bien una combinación de ambos.
A la hora de comenzar a crear la partitura, el compositor debe tener bien claro cuánta música contendrá, dónde la va a emplear y en qué momento recurrirá al silencio. Conocer cuánta música es necesaria permite establecer una estrategia. Este aspecto no va necesariamente relacionado con la duración del filme, ya que hay películas extensas que han requerido muy poca partitura porque esta ha servido eficientemente a sus propósitos. Por otro lado, hay ocasiones en que la banda sonora debe acaparar el metraje, básicamente por ser el principal sustento sonoro o dramático con que se cuenta. Cuando nos encontramos con composiciones más o menos extensas, ha sido más por una imposición que por voluntad de sus autores. Contrariamente, existen infinidad de casos en que se ha escrito una banda sonora ajustada al metraje, pero ha sido recortada. Ejemplo de ello es Alien: el 8º pasajero. Saber en qué instante se va a ubicar la música es otro de los problemas a los que se suelen enfrentar los compositores. Un recurso habitual y legítimo para esos problemas es el leitmotiv, estrategia musical cuyo origen en el cine se atribuye a Max Steiner. Consiste en el uso de un tema presentado al principio del filme que, en el transcurso del mismo, experimenta algunas variaciones, facilitando una rápida identificación al espectador. Lo cierto es que este recurso ha permitido, en la historia del cine, otorgar a la música una dimensión dramática de extrema importancia: tras presentar un tema, su colocación en distintas partes de la película aporta una valiosa información.
Saber cuándo la partitura resulta innecesaria, más concretamente cuán importante es el poder del silencio musical. El término «silencio musical» no debe ser necesariamente entendido en el sentido de que la partitura no desempeña papel alguno, sino más bien que su ausencia llega a ser lo suficientemente importante como para considerar que el compositor tiene algo que ver con esa decisión. Decidir el tipo de música. La adaptación hace referencia al empleo, literal o versionado, de piezas previamente compuestas para otro medio que no sea la propia película.
Música original es aquella compuesta expresamente para la película. Se trata de la parte más sustancial de la partitura y la que, sorprendentemente, menos reconocimiento suele tener. Otro paso previo que debe tener relativamente claro el compositor es el ritmo que va a aportar a la película. Al compositor solo le queda por determinar qué tipo de orquesta e instrumentación va a necesitar. En La Tapadera, el compositor solo utiliza un piano. Pero al margen de la magnitud de la orquesta, se ha de definir qué instrumentos en particular serán precisos, bien como solistas, bien como referentes a un objeto, ser o sentimiento determinado.
Cuando el compositor logra vencer todos los obstáculos que encuentra para escribir su música, esta debe seguir aún un laborioso proceso para ser insertada adecuadamente en la película. La orquestación no es necesariamente una responsabilidad del propio compositor. Suele ocurrir que, a la vez que se escribe la música, otro profesional se ocupe de ir orquestándola. Junto al compositor y al orquestador, surgía también otra figura: el arreglista, que se encarga de adecuar la orquestación a la duración de las secuencias, efectuando los oportunos cambios para que el tiempo ocupado sea exacto. Para la grabación, era habitual que el propio autor u orquestador interpretara la partitura frente a una pantalla de proyección. En el celuloide se ponían unas indicaciones (signos visuales, barras, puntos, etc.) a modo de señales para ir acoplando la banda sonora. También utilizaban relojes, aunque hubo quienes preferían ver la película una y otra vez sin recurrir a ningún tipo de truco. El paso siguiente es el del ajuste y sincronización, que corresponden al editor musical. El último paso de una buena película con su correspondiente partitura es que sea finalmente aprobada. En más de una ocasión no ha ocurrido así y se han tenido que sustituir. Por ejemplo, la partitura original de Entrevista con un Vampiro fue rechazada y posteriormente compuesta por otro autor.